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Entrevista a Raúlo Cáceres
para Mundos de Papel (nº 16, Enero-Abril 2005)
Entramos
en contacto con uno de los valores más significativos, y de mayor
proyección en la actual historieta andaluza. Una gran parte de
su producción está dedicada al comic porno. Iniciamos nuestra
habitual charla con las preguntas más enumerativas.
DIEGO CARA.- Para comenzar una cuestión
habitual en nuestra publicación, tus inicios como aficionado al
tebeo, a las viñetas. ¿Cuáles fueron tus influencias
primeras? ¿Era el tebeo algo habitual en tu vida de ocio?
RAÚLO CÁCERES.-
Nací en Córdoba en el 76 y supongo que como todo el mundo,
empecé desde muy niño leyendo Mortadelo, Zipi y Zape, Super
López y demás clásicos del cómic infantil.
También hubo tebeos de superhéroes, que compraba mi hermano
mayor, y aunque no entendía sus argumentos todavía debido
a mi temprana edad, sí que me sedujeron sus espectaculares personajes,
la acción y el dinamismo. Sí, el tebeo fue algo habitual
en mi infancia y siempre tuve acceso a las historietas, hecho que seguramente
cabreaba a mi hermano, pues a nadie le gusta que el niño chico
ande trasteando sus tebeos (todo el mundo conoce la manía de los
infantes por pintorrejear libros ajenos y todo lo que se ponga por delante).
LOS INICIOS
D.C.- Y en ese contexto, ¿cómo se
desarrolla la habilidad de dibujar? ¿Qué influencias tuvo
tu hermano más mayor, Miguel Ángel en todo ello?
R.C.- No recuerdo que en ningún momento
nadie me instruyera o se parara a decirme cómo se debía
dibujar el cuerpo humano, esto o lo otro. Supongo que fui dibujando a
pelo, intuitivamente, copiando los personajes de los tebeos que tenía
a mano, como hemos hecho la mayoría de dibujantes. Me hacía
mis propios cuadernos de Mortadelo, la Masa o Spiderman, a bolígrafo
y en papel cuadriculado. Después empezaron a entrar en mi casa
cómics más adultos, como Conan, Zona 84, Creepy, Cimoc,
etc, y entonces disfruté mucho con la ciencia ficción, el
género fantástico y de terror. Pero tal vez la influencia
más importante en mi formación como comiquero fue mi hermano
Miguel Ángel, con el que me llevo 10 años. Es el mayor de
los 5 hermanos y yo soy el más pequeño después de
mi hermana. Gracias a él todos pudimos acceder a la cultura del
comic y disfrutar de su ingenio y creatividad. Es indudable que tanto
los comics que él leía como los que él mismo dibujaba
fueron la fuente primigenia de la que bebí ávidamente y
de la que aún hoy en día sigo mamando. Tenemos casi los
mismos gustos y cada vez que nos vemos, nuestras respectivas esposas nos
llaman la atención porque no paramos de hablar de cine, comics
y música.
D.C.- La educación artística, tus
gustos, y el itinerario de tu formación te llevan a la Facultad
de Bellas de Sevilla, a Granada, donde culminas la Licenciatura en Bellas
Artes ¿cómo te lo planteas y que bagaje recoges aquí?
R.C.-
Hice el primer ciclo de BBAA, los tres primeros años, en Sevilla
y la especialidad, Diseño Gráfico, en Granada. De Sevilla
recuerdo que las clases estaban llenas de capellitas que pintaban cuadros
de tal Virgen o tal Cristo escuchando música de Semana Santa en
el walkman. También pululaban los hippies, porreros, bohemios y
demás tribus urbanas con las que me sentía un poco identificado.
Los primeros años son los peores ya que te das cuenta de que en
realidad no sabes dibujar. Tuve un profesor de dibujo a carboncillo que
había sido cura y que siempre me decía "a ti te tengo
que quitar esa manía de los cómics". Por suerte no
lo consiguió, aunque me dio unas buenas bases de dibujo clásico
que todo artista debe tener si quiere empezar a buscar su camino. También
tuve un profesor de pintura que era daltónico, pero que pintaba
estupendamente y que nos enseñó mucho sobre óleo.
Una asignatura de fotografía encendió en mí el interés
de este arte, lo que después me llevó a realizar algunos
reportajes de serie B, con suicidas, vampiros y demás casposidades.
Pero la asignatura más importante fue anatomía, donde aprendí
muchísimo sobre el cuerpo humano; recuerdo con cariño a
la profesora que la impartía como una madre algo necrofílica,
pues nos trataba como a sus niños y siempre andaba rodeada de cráneos,
huesos y maquetas de cuerpos desmembrados y despellejados. En general,
se puede decir que en Sevilla tuve muy buenos profesores de dibujo y la
posibilidad de trabajar con modelos fue muy importante en el aprendizaje.
Precisamente entre el profesorado de dibujo encontré alguno que
apreciaba notablemente la ilustración y el cómic y que me
alentaron a realizar ejercicios en ese sentido. Pero lo normal en la facultad
es que te encontraras con alumnos y profesores que iban de artistillas,
ese tipo de gente que hablan del arte con mayúsculas e imitan a
Picasso y otras figuras de los "ismos" modernos. Para ellos
el cómic ni siquiera era un arte menor, simplemente porque no era
una obra única, sino un subproducto destinado a las masas como
copia múltiple. Al parecer, si la obra no estaba enmarcada y colgada
en un museo, no era arte. A mí, la verdad es que esta cuestión
me importaba poco, pero algunos compañeros comiqueros se enzarzaban
en sesudos debates. Precisamente con estos compañeros colaboraría
en dos fanzines de la facultad titulados "Rumble Rumble" y "Comunicarte"
(que venía a significar "comic, un arte" o "comunicación
y arte").
Pero no todo fue la facultad. El primer año de carrera vivía
en una habitación alquilada y la hija de la casera era un poco
bruja. Ella me inició en los misterios del esoterismo. Desde entonces
no he parado de recopilar libros de brujería, satanismo, vampirismo,
espiritismo, ufología y demás estudios sobre temas raros,
que tanta materia prima me aportarían para mis futuros guiones
de cómic. También empecé a escuchar las distintas
ramas del Metal Extremo, como el Black Metal y sus variantes, de cuyas
letras y estética también daría cuenta en mis historietas:
vampiros, demonios, historias épicas, etc.
Sevilla estaba bien, pero las asignaturas que interesaban (ilustración,
comic, animación, diseño, audiovisuales) se daban la facultad
de BBAA de Granada y allí me fui. Participé en "Bakayaro"
("hijoputa" en japonés), el fanzine de BBAA de Granada
con una portada en la que salía un cura sodomizando a un monaguillo,
y de la que recibieron quejas. En esos años hice un corto gore,
continué haciendo fotografía sadocasposa, aprendí
algo de animación, leí e ilustré al Marqués
de Sade y aprendí algo de diseño gráfico, pero sobre
todo descubrí el maravilloso y a la vez horrible mundo de la informática.
HITOS PROFESIONALES
D.C.- ¿Tus jalones profesionales cuándo
se inician en los fanzines y algunas colaboraciones en correos de lectores,
coexistían con la realización de cómics?
R.C.- El primer fanzine en el que dibujé
lo dirigí yo mismo. Se titulaba "Vómito escolar"
y se trataba de una revista clandestina, crítica y satírica,
que realizamos los alumnos del Colegio Cervantes, que por entonces estábamos
en 2º de BUP. Fue una forma de desahogarnos en un ambiente católico
y conservador. Para que te hagas una idea de qué iba, en la portada
dibujé a un punk vomitándole al director
Se armó
un follón tremendo y a mí casi me expulsaron. Supongo que
en aquellos años rebeldes escuché demasiados discos de "La
Polla Records"
Después tuve contacto con la asociación Tebeonautas y otros
subgrupos del mismo contexto, como Ediciones Cúbicas (que por cierto,
recientemente ha renacido). En esta etapa participé en varios fanzines,
como "Fanzipote, el fanzine más potente", que fueron
un terreno de pruebas para muchos de los que estábamos empezando.
D.C.- En tu trayectoria joven hay varios jalones:
los comienzos, y la práctica de los dibujos animados, a través
de los cursillo impartidos por Antonio Zurera ("Dragon Hill")
por cuenta de la Diputación cordobesa, ¿Cuál ha sido
el balance?
R.C.- Yo realicé un curso de Técnicas
en Cine de Animación que duró 800 horas, pero fue impartido
por Manuel Trujillo, también de Milímetros. Tocamos sobre
todo preproducción: story board, lay out, giros de personajes,
tablas de expresiones; también practicamos intercalación,
animación y asistencia. Creo que Antonio Zurera ha llevado algunos
cursos de los que se han dado posteriormente. Cuando esto empezó
todos estaban muy ilusionados y había perspectivas de trabajo desde
Córdoba, pero yo terminé el curso en 2001 y hasta este año
no ha habido posibilidad de trabajar en animación. Recientemente,
Milímetros ha contratado a algunos alumnos para intercalar una
nueva película y parece ser que entrará más trabajo
en los próximos meses, así que cruzo los dedos
D.C.- ¿Qué te dicen estos nombres?
R.C.-
- Barry W. Smith: El mejor dibujante de Conan. Su detallismo y perfeccionismo
son insuperables.
- Jack Kirby: Yo era muy joven. A este genio lo descubrí de rebote
y demasiado tarde.
- John Buscema: Si Barry Smith es la perfección, John Buscema es
el trabajo bien hecho, la profesionalidad.
- Marvel: Fueron los que rompieron los esquemas del superhéroe
clásico, aunque ahora se han convertido en el clasicismo.
- DC: A mí me gustaba más Batman que los coloridos superhéroes
de Marvel.
- Tebeonautas: Era la asociación de aficionados al cómic
a la que pertenecía mi hermano mayor. Siempre he respetado a sus
miembros originales y los considero como los veteranos del cómic
en Córdoba, además de unos cultivados eruditos del tema.
- CONAN: Me tragué muchos comics de Conan en mi infancia por lo
que el macho hipermusculado en taparrabos se grabó en mi imaginario
a sangre y fuego.
- Killer Toons: Es la revista de los dibujantes cordobeses de la generación
de mi hermano Miguel Ángel, el mejor fanzine que se ha editado
en Córdoba, tanto gráfica como técnicamente.
- Simon Beasley: Su capacidad para inventarse músculos es impresionante.
Su brutalidad y expresionismo son inconfundibles.
- Corben: Lo que más me gustaba de sus comics eran las tías
que hacía de cadera estrecha y pechos inmensos. La mezcla de fantasía,
erotismo y en ocasiones de mal rollo siempre fueron un referente para
mí.
- 1984/Toutain: De lo mejor que se ha publicado en mucho tiempo.
- Dos veces breve: Una apuesta hermosa y arriesgada. Tal vez la publicación
de cómic más cuidada que se haya hecho nunca desde Córdoba.
- José Vicente Galadi: Ante todo un gran amigo. Una persona valiente
que tiene muy claro el tipo de revista que quiere producir.
Sobre todo me citas a grandes clásicos de la historieta
¿y
qué puedo decir? Es como si me preguntas sobre Cervantes o Velázquez
Son los genios del 9º arte, los clásicos que todo artista
del medio debería conocer, aunque también creo que no deberíamos
quedarnos anclados con esa idea romántica de que todo lo que se
hizo fue genial y lo que se hace ahora es una mierda. Actualmente se están
publicando auténticas obras maestras que a veces pasan desapercibidas
entre la marea de tan variados productos.
DIBUJANTE DE CÓMIC PORNO
D.C.- ¿Cómo se inicia tu relación
con el cómic erótico y pornográfico, a la postre
la faceta que más has realizado?
R.C.- Desde que tengo pelos en los huevos,
con perdón, la pornografía me ha llamado poderosamente la
atención. Nunca he sido uno de esos coleccionistas de cómic
que atesora series y más series de superhéroes, pero en
cambio, sí ha sido así con el cómic porno. Tengo
el Kiss comix desde el número 1 y también guardo como un
tesoro los ejemplares de la Private que tantos buenos momentos me ha dado.
En un lugar privilegiado de mi biblioteca tengo una buena colección
de películas porno y en formato digital. Lo reconozco, soy un auténtico
pornófilo y por ello estaba destinado a trabajar en este campo.
Por eso no es de extrañar que alguno de mis amigos me llamara cariñosamente
"Raúl Cáceres, el increíble hombre sexo".
Andaba yo terminando el 4º curso de BBAA en Granada cuando de pronto
alcancé el estatus de "Pintapollas" profesional. Conocí
a Barony, un compañero de carrera que estaba buscando dibujantes
para una revista de comic porno un poco extraña para la editorial
malagueña Megamultimedia. Se iba a llamar "Free Sex"
y tocaría el porno gay y el hetero, una propuesta nunca vista.
Recuerdo que Barony tenía preparado un comic del "primer superhéroe
gay". Yo le pasé las páginas a lápiz del primer
capítulo de una serie de vampiros, "Elizabeth Bathory",
inspirada en la leyenda de la condesa; las mandaron a Málaga y
parece que les gustó. Finalmente la revista la dirigió "El
Torres" (que más adelante fundaría Sulaco ediciones)
y se llamó Wet Comix. Se planteó como una revista mensual
de comic porno heterosexual, al estilo del Kiss comix. A partir de ahí
me pasé desde 1998 hasta 2001 publicando en la revista hasta el
número 36, con un total de tres series y también dibujé
para otras revistas de la editorial, como Lolitas y Wet Fetish.
D.C.- ¿Puedes hacernos un balance de tu
paso por Megamultimedia y su publicación Wet Comix?
R.C.- Primero realicé la serie de
Elizabeth Bathory con un total de 21 capítulos. Lo pasé
genial. En ningún momento me dijeron qué podía y
qué no podía hacer. Hice exactamente lo que me dio la gana
y me salió una historia de vampiros que mezclaba terror, gore,
pornografía extrema, sadomasoquismo, mitología, esoterismo
e historia, es decir, un cóctel de los temas que siempre me han
interesado. Con esta historia podías sencillamente echarte una
paja y reírte un rato, o masturbarte y además profundizar
en un cómic con argumento, documentado. Siempre intenté
que la obra tuviera diferentes niveles de lectura y así romper
el tópico de que la pornografía carece de argumento y de
calidad estética. Para mí el porno es un tema más,
como lo puede ser el humor o el drama, y el tema es independiente del
medio con el que se expresa. Yo hago cómic porno con la misma seriedad
y calidad que si hiciera cómic de fantasía heroica o cualquier
otro género y por ello no entiendo a esos editores que tratan al
lector de cómic porno como si fuera un adolescente descerebrado.
De hecho los comics que dibujo son los comics que a mí, como lector,
me gustaría consumir. Tal vez por eso la gente que me lee suelen
ser góticos, heavys o frikis de toda índole, en definitiva
personas que como yo, disfrutan con lo raro.
Después de esta primera saga, inicié una serie de relatos
autoconclusivos, "Cuentos Mórbidos". Eran una especie
de cuentos de miedo y fantasía o mitología, además
de leyendas urbanas. Al ser historias independientes puede tocar muchos
temas que me rondaban la cabeza y experimentar con la composición
de página. Al mismo tiempo nació Wet Fetish, una revista
dedicada al sado y me lancé a la adaptación de dos novelas
del Marqués de Sade, "Justine" y "Juliette",
que fusioné en una sola serie. Cuando la revista cerró,
continuó en Wet comix hasta los 16 capítulos. En esta etapa
pude experimentar lo complicado que resulta la adaptación, el trabajo
de documentación que lleva detrás, el cuidado en el vestuario
de época, los escenarios y demás detalles del contexto histórico
(en este caso, la Francia del siglo XVIII).
Por desgracia, Wet comix cambió de director y empezaron a ocurrir
cosas muy raras en la revista, como cambios de formato, de papel, y sobre
todo cambios en la temática. Alguien creyó que para ser
más rentables, el Wet comix, hasta ahora una revista diferente
temáticamente a otras del sector, debía parecerse al Kiss
y los comics empezaron a suavizarse y a transformarse en "el butanero
que se folla a la vecina". Autores como el Bute o Juanjo Rip, veteranos
de la revista desde el comienzo, desaparecieron y comenzaron airearse
trapicheos y las malas maneras de la editorial. Finalmente se me comunicó
que la serie de Sade quedaba cancelada y que si hacía algo más
normalito volvería a entrar. Pero lo que realmente ocurría
es que habían empezado a reeditar en la propia revista material
ya publicado en números anteriores y lo mismo querían hacer
con mi primera serie, todo esto sin remuneración adicional. Querían
timar al lector revendiéndole material ya publicado, y timar a
los autores reeditando sus obras gratuitamente. En cuanto salió
mi primer cómic reeditado sin permiso inicié acciones legales
contra la editorial que finalmente canceló la reedición.
Otros autores no han tenido tanta suerte y su obra sigue saliendo mes
a mes sin ver un euro
A pesar de que al final los editores de Megamultimedia se portaron como
unos auténticos ladrones no puedo dejar de decir que esa libertad
creativa de la que gozamos en los comienzos es muy rara en otras editoriales,
donde suele haber una especie de autocensura que determina qué
es lo que se puede publicar y lo que no. Por otro lado el oficio de dibujante,
la disciplina de la entrega mes a mes, el compromiso y la responsabilidad
de llevar una serie y terminarla, son otras de las ganancias personales
que obtuve como profesional trabajando para la editorial.
OTRAS SENDAS
D.C.-
Tras la aventura de Wet Comix, coger agente para USA y otros lares, ¿Cuál
ha sido el balance de todo ello?
Mi buen amigo el Bute me puso en contacto con Isaac Pradel, un representante
de autores de cómic especializado en porno, cuya profesionalidad
y eficacia pude comprobar cuando consiguió venderle a la americana
Fantagraphics los derechos de explotación de todo el material que
yo había publicado en España con Megamultimedia. La serie
de Elizabeth Bathory salió en los USA en formato comicbook, en
7 números y con nuevas portadas, y muy recientemente ha salido
un álbum con Morbid Tales, la edición americana de Cuentos
Mórbidos. También he firmado con ellos para publicar Justine
y Juliette, la adaptación de las novelas de Sade. Y parece ser
que también ha vendido los derechos de esta serie para una revista
holandesa que ni sé cómo se llama.
Pero en realidad durante este tiempo hubo un parón comiquero, porque
todo este material ya estaba hecho, aunque no estuve de brazos cruzados.
Del 2002 al 2003 estuve trabajando para Proyectos Editoriales Crom, una
editorial de Barcelona, realizando portadas e ilustraciones interiores
para juegos de rol, principalmente "Aquelarre, juego de rol demoníaco-medieval",
un clásico del rol ibérico, llegando a ilustrar 13 suplementos.
También colaboré como ilustrador de mapas y equipos en el
"Juego de rol del Capitán Alatriste", de la editorial
Devir, en dos de sus suplementos y dos novelas. Me hinché de dibujar
mapas, personajes, bestiarios de monstruos, armas y equipo variado. Se
trataba de recrear el universo de juego buscando el realismo histórico
y a la vez fantástico, por lo que de nuevo tuve que documentarme
a fondo. Por desgracia Crom cerró, dejando algunas cuentas pendientes
a ciertos autores y un mal sabor de boca.
Por otro lado saqué tiempo para colaborar en 5 números de
la revista Dos Veces Breve, de Ariadana Editorial, o lo que es lo mismo,
Vicente Galadí. La propuesta de Vicente era original y a la vez
arriesgada, ya que pretendía ofrecer un producto para gente que
no lee cómic. Se buscaban historietas realistas, cotidianas y a
la vez intimistas, un campo en el que yo me veía un poco verde,
aunque fue divertido experimentar haciendo otro tipo de cómic al
que no estaba acostumbrado. Fue todo un privilegio contar con mi amiga
Esther Ontanilla para los guiones ya que es una escritora excepcional
con la que comparto muchos gustos y cuyos relatos cortos siempre me habían
impactado y conmovido. Sus historias mezclan con gran maestría
brutalidad extrema, sarcasmo femenino y prosa poética. El último
que adaptamos se recreaba en las reflexiones de una tenebrosa psicópata
mientras jugaba con la cabeza cortada de un hombre. Fue muy divertido
D.C.- ¿En qué momento se encuentra
en la actualidad la carrera de Raúlo?
R.C.- Actualmente me he dedicado principalmente
al diseño gráfico y sigo realizando ilustraciones roleras
que esporádicamente me encarga Devir. Muy recientemente he comenzado
a trabajar en Eros Comix, de Dolmen editorial. Esto empezó de una
manera curiosa: parece ser que alguien encontró una páginas
que yo había mandado de muestra hacía años y les
parecieron buenas, aunque la temática era un poco bestia (salía
un toro sodomizando a una chica en los encierros de un pueblo). Se pusieron
en contacto conmigo y preparé un capítulo piloto de una
serie, esta vez sin monstruos ni zoofilia. Está protagonizada por
una sexóloga que viaja a un pueblo perdido en las sierras de Extremadura
para estudiar el extraño comportamiento sexual que están
adoptando sus habitantes
y hasta aquí pudo contar (si quieres
saber más, cómprate el Eros comix).
D.C- En las VII Jornadas del Cómic de Almería
hemos visito una excelente historieta épico-fantástica,
"La serpiente blanca", que aparece como plato fuerte de este
número, ¿Qué supone este trabajo? ¿Podría
tener continuidad?
R.C.- Esta historieta la hice con un sentido muy práctico,
ya que desaba matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, quería
presentarme al concurso de Norma y por otro tenía que mandarle
unas muestras de mi trabajo al archiconocido Zentner, con el que Vicente
me había puesto en contacto. Finalmente no pillé nada en
el concurso y abandoné el proyecto que había iniciado con
Zentner.
En un principio esta historia estaba pensada para ser un Cuento Mórbido,
pero la convertí en apta para todos los públicos quitando
las escenas de sexo. Como te decía antes, para mí no hay
diferencias formales entre un comic porno y otro que no lo es. Yo siempre
intento buscar una buena composición de página, una historia
con una documentación previa, tanto en el argumento como en el
vestuario de época. En este caso se trataba de hacer del mito de
Medusa una historia de amor. Por cierto que nadie se extrañe de
que Medusa aparezca con alas de oro porque las fuentes originales así
describen a las gorgonas.
D.C.- Metiéndonos en temas y cuestiones
generales, ¿Qué es para ti la historieta? ¿Y la ilustración?
¿Cómo la compaginas entre tu labor profesional, familiar
y los encargos profesionales y los proyectos personales?
R.C.- Como dijo Scout McCloud, los cómics
son "ilustraciones yuxtapuestas y otras imágenes en secuencia
deliberada, con el propósito de transmitir información y
una respuesta estética del lector". Ésta es tal vez
la mejor definición que se ha hecho sobre el cómic, ya que
destaca el hecho de que las imágenes está unas junto a otras,
al contrario de lo que ocurre en cine, donde las imágenes están
en movimiento y se distribuyen en el tiempo. Por ello el cómic
tiene una capacidad casi exclusiva para generar composiciones de viñetas,
juegos visuales y equilibrios formales, mediante la colocación
de esos diferentes momentos secuenciales, pero que se visualizan grupalmente.
También es esencial la implicación del lector, que es el
que en realidad asigna los tiempos entre viñeta y viñeta;
el lector puede recrearse en cierta escena mientras que en el cine nos
llevan de la mano y al ritmo que marca la película. El cómic
es una herramienta, un medio, una técnica, un lenguaje; los contenidos
van a parte. He probado el cortometraje, la fotografía y la ilustración,
pero el medio en el que me siento más a gusto es el cómic,
es algo casi instintivo. Prefiero encargarme de todo, tanto de los guiones
como del acabado informático, antes que delegar funciones.
La ilustración es un trabajo de especialización que te libera
de la carga de elaborar los contenidos. Simplemente tienes que dibujar
los textos de otro, aunque en cierto modo tienes el problema de que hay
que meterse en la mente del escritor para ver lo que él ha imaginado.
Supongo que compagino mi profesión y la vida familiar como todo
el mundo. Hay un tiempo limitado y un montón de cosas por hacer,
así que hay que establecer prioridades, organizarse un poco, pero
la familia es lo más importante, mi mujer y mi hija. Yo tengo la
suerte de que mi mujer me apoya en todo lo que hago y me deja mucho tiempo
para mí.
D.C.- Cómo crees que están hoy las
posibilidades de acceso al estatus de dibujante, o de historietista, ¿qué
panorama contemplas a partir de ahora?
R.C.- Depende del campo en el que trabajes.
Hay que moverse mucho, contactar con editores y darse a conocer. Tal vez
hay que tener muy claro el tipo de cómic que uno hace para ofrecerlo
al editor adecuado.
Parece ser que hay tres niveles económicos entre los creativos:
arriba estarían los diseñadores gráficos, los que
más ganan, los más respetados; luego les siguen los ilustradores,
que han sabido defender sus derechos más o menos; y en el nivel
más cutre estamos los dibujantes de cómic. Yo he trabajado
en los tres campos y puedo decirte que al cómic es al que más
horas se le echan y la remuneración económica no compensa.
Luego está la inestabilidad, el trabajar como autónomo y
no cobrar si te pones malo y no entregas, etc. No es coña, trabajamos
por amor al arte.
Por suerte tenemos Internet, un medio fácil de usar y económico
para darnos a conocer o exponer nuestra obra. Yo me hice una web y desde
entonces me escribe mucha gente.
D.C.- ¿Qué situación le espera
a la historieta, si en lo comercial está lastrada de cierto mimetismo
hacia el manga, o los videojuegos? ¿Qué futuro le aguarda
desde tu punto de vista? ¿Qué experiencias tienes en el
campo del rol? ¿Del público que sustenta el género?

R.C.- Yo creo que la moda del manga ya pasó
y que actualmente es un producto más que convive con el resto de
historietas en las tiendas. No tengo la sensación de que se esté
dando una invasión nipona aunque sí hay algunas series americanas
que están fusionando estilos. El manga que consumo es casi exclusivamente
porno, y puedo decir que de muy buena calidad, por lo que no creo que
la influencia de los recursos del comic oriental sea negativa sino todo
lo contrario. Yo mismo no puedo evitar la incorporación de elementos
del manga, como las onomatopeyas, las viñetas a página completa
o diagonales, las líneas cinéticas tan características,
los cuerpos sudorosos y exceso de fluido en las cópulas, etc. El
manga tiene herramientas muy aprovechables y funcionales, así que
habrá que usarlas. Si son o no comerciales, a mí eso me
importa poco.
Sobre el tema de los videojuegos no tengo mucho que decir porque no soy
aficionado, pero parece evidente que la estética de los videojuegos
está influyendo en algunos sectores.
Y sobre el rol tengo que decir que sus jugadores son un público
a tener muy en cuenta. Estos lectores forman parte de un grupo, en el
que me incluyo, que suelen denominar "frikis" (freaks, monstruo).
Son gente aficionada al cómic, las novelas de fantasía (Tolkien),
las películas de Star Wars y demás frikadas. Yo me pasé
mi adolescencia dirigiendo y jugando partidas de "Dragones y Mazmorras",
"La llamada de Cthulhu" y "Aquelarre", entre otros
y he de decir que es un buen método para desarrollar la imaginación,
las dotes interpretativas, mientras por otro lado aprendes un poco de
historia. Resulta curioso que muchos años después haya acabado
ilustrando uno de los juegos que ocuparon horas y horas de diversión
cuando era joven.
D.C.- ¿Experimentación o comercialidad?
R.C.- Experimentación, si te lo pide
el cuerpo, pero experimentar por experimentar, tampoco. Comercialidad,
si te lo pide el bolsillo y la necesidad apremia. Pero sobre todo, y si
se dan las circunstancias apropiadas, autenticidad. No he obtenido buenos
resultados (al menos yo no me he sentido a gusto) cuando he tenido que
renunciar a ciertos elementos personales, como los temas, el estilo de
entintado o al barroquismo compositivo. Lo ideal sería buscar la
comercialidad haciendo el tipo de cómic con el que uno se siente
a gusto y dirigiéndolo a un mercado específico, al público
que consuma ese tipo de obras.
D.C.- ¿Qué opinas o cómo describirías
la situación del tebeo español de hoy? ¿Te sientes
vinculado a una generación de autores tardíos, o casi perdidos,
o imposibles de aprovechar por los medios y publicaciones?
R.C.- Dicen que el cómic de producción
nacional que más se vende es el porno, así que supongo que
no va mal. Pero en general, es evidente que el cómic español
es un producto marginal, para minorías y es una realidad que hay
que asumir. No hay un gran público y las nuevas generaciones son
captadas por productos extranjeros mucho más comerciales. Los editores
tampoco hacen mucho por crear una industria nacional. Como suele ocurrir
en otros campos, al final hay que salir fuera de España.
Yo me crié leyendo el Creepy, el Zona 84 y los comics de los 80
y 90, así que pertenezco a ese grupo de aficionados a las revistas
que en su momento todos los que querían ir de intelectuales leían,
pero que luego pasaron de moda. Sin duda fue la edad dorada del cómic
y nos marcó a muchos para siempre, aunque no creo que la cosa se
acabara allí. Tengo muy en cuenta el pasado, pero sigo adelante
y aprecio e incorporo a mi imaginario personal las cosas buenas que se
están haciendo actualmente. Y para nada creo que seamos autores
imposibles de aprovechar por los medios actuales, sino todo lo contrario.
Precisamente por nuestro bagaje tenemos mucho que contar y ofrecer.
D.C.-¿Crees en la política de géneros para defender
una cierta noción de historieta comercial, tras el padecido decadentismo
del género de la "fantasía heroica" en el que
se confió en cierto momento de los 90? ¿Es el cómic
porno un refugio alimenticio seguro para los profesionales?
R.C.- A mí, como lector, me parece muy bien que los productos
se aglutinen por géneros, ya que si me compro una revista no deseo
encontrarme un cajón de sastre donde entra de todo. La especialización
por géneros destinados a un público determinado es lo más
acertado y seguramente lo más comercial.
Muchos autores se han dedicado al porno por cuestiones alimenticias, es
cierto, y es muy respetable. Sé de algún compañero
que hasta lo pasaba mal haciendo porno y es una pena, ya que en cierto
modo se convierte en un modo de prostitución artística.
No es mi caso, ya que como he explicado antes, prefiero hacer porno antes
que cualquier otro género, ya que en él me siento como pez
en el agua.
D.C.- Tus jalones profesionales te llevan a colaborar
en diseño, publicidad y demás encargos multimedia, ¿Qué
papel tiene hoy el dibujante y qué formación técnica
ha de tener?
R.C.- Un dibujante que no tenga los conocimientos
de usuario en informática siempre irá por detrás.
El ordenador es una herramienta más de la profesión que
nos ahorra mucho tiempo y esfuerzo, además de abrir nuevas posibilidades
creativas. Si además se domina la creación de páginas
web, podemos abrir el campo de acción a internet para promocionar
nuestra obra. Yo ya no concibo el comic sin la informática. Cuando
leo las bases de algunos concursos de cómic donde todavía
se piden originales rotulados y coloreados a mano me parece absurdo y
fuera de tiempo.
Concretando, todo dibujante debería saber manejar las herramientas
básicas del diseñador gráfico: algún programa
de dibujo vectorial (como el FreeHand) y otro de retoque fotográfico
(como el Photoshop), además de los periféricos como el escáner.
De ese modo se puede dominar todo el proceso de creación, desde
el escaneo de las páginas, pasando por el retoque y coloreado,
hasta la rotulación y maquetación finales.
D.C.- ¿ A dónde te gustaría
llegar?
R.C.- Tengo las mismas metas que cualquier
dibujante; me gustaría alcanzar un buen nivel dibujístico,
dominar absolutamente la anatomía, entintar como Dios manda, darle
un tratamiento más literario y elaborado a los textos y hacer unos
guiones sólidos. Deseo que mis historietas algún día
puedan entretener, provocar la sonrisa, el espanto o cualquier sensación
que quede grabada en la memoria. Y bueno, a un nivel más mundano,
por qué no, también me gustaría ganar más
De todas formas lo importante es pasarlo bien. El día que no disfrute
haciendo cómic lo dejaré.
D.C..- ¿Qué
autores y obras hay en tu tebeoteca ideal, o personal?
R.C.- Como guionistas, me quedo con Roy
Thomas, Frank Miller, Alan Moore, Charles Burns, Daniel Clowes
Como dibujantes Brian Bolland, Barry W. Smith
Como entintadores,
Berni Wrightson, Totleben, Solano López
Sobre composición y diseño de página me quedo con
Will Eisner, Craig Russell, Frank Thorne y sobre todo J. H. Williams III
( "Prometea" me parece una obra maestra de ingeniería
esotérica y compositiva).
Quiero detenerme con Paolo Eleuteri Serpieri, y su obra "Druna",
para mí un comic erótico como Dios manda. Tiene un guión
interesante, el dibujo es sublime y se mezclan géneros (ciencia
ficción, porno). Sólo echo de menos más escenas de
sexo
es decir, preferiría que fuera plenamente pornográfico
y no simplemente erótico.
D.C.- ¿Qué opinas de la creciente
simbiosis del cine norteamericano o europeo comercial hacia el cómic?
¿Qué relación es que ha existido entre Cine y Cómic?
R.C.- Me molesta un poco la idea de que
un cómic sea conocido por el gran público sólo cuando
se hace una adaptación cinematográfica, que por cierto siempre
resulta insatisfactoria para los amantes de la serie. De todas formas
la relación cine-comic siempre es beneficiosa para ambos, ya que
el cine riega su sequedad de ideas reusando viejos mitos y el cómic
gana nuevos adeptos, aunque este último nunca dejará de
ser el segundón.
Volviendo a temas antes tratados, cine y cómic son medios muy parecidos,
pero con características excluyentes. La experiencia visual que
experimenta el lector cuando abre un cómic y se encuentra con una
doble página de viñetas yuxtapuestas equilibradamente dispuestas
para componer un cuadro espectacular, que a posteriori se desgrana en
la secuencia narrativa, es algo que rara vez se ve en el cine comercial.
Cerramos esta intensa charla con la misma pasión y sinceridad
con la que habíamos iniciado. Y dejando un poco más cercana
y próxima la figura de un gran autor a descubrir. Plenamente satisfecho
en dibujar cómic porno.

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