El incendio del Reichstag

 

 

El 28 de Febrero de 1933 ocurrió el hecho más significativo que impulsó a Hitler y a los nacionalsocialistas a la toma al poder. Un incendio que todo el mundo creyó que lo habían provocado los comunistas. Como fue más tarde probado, nada de esto tenía que ver con la realidad. El misterioso fuego se originó por causas humanas y no naturales y no fueron precisamente los miembros del Partido Comunista Alemán. La excusa y la posterior culpa del partido nazi fue para estos ya que necesitaban conseguir por todos los medios el poder.

 

Como ya se sabe el NSDAP o Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (partido nazi) consiguió el poder en 1933, exactamente el día 30 de Enero, al obtener un número de votos superior a 13 millones y 230 escaños en el Reichstag. En ese momento era el más votado de Alemania. Apoyado por los industriales de su país ya que veían en Hitler un buen valor y hombre de negocios que podía darles muchas ventajas si fuera elegido canciller, se preparó únicamente para abrir su etapa dictatorial tan pronto como fuera posible y empezar su revolución nacional. La ventaja que el partido nazi tenía en las elecciones del 30 de Enero no fue suficiente y le obligó a gobernar en compañía de los nacionalistas, once exactamente y tres nazis. Hitler repetía que deseaba nuevas elecciones pues estaba seguro de la ventaja que le proporcionaría los ciudadanos y no tardó en comunicárselo a Hindenburg, el presidente del Reich. Las nuevas elecciones serían el 5 de Febrero de 1933, poco más de un mes después de ser elegido canciller. Las peticiones de Hitler a las altas instancias del parlamento no fueron pocas ni simples: germanización de todos los territorios obtenidos por medio de conquistas y anexiones de tierras robadas a Alemania en un pasado.

 

Pocos días después, Goering, jefe de la Luftwaffe después y ahora presidente del Reichstag ordenó atacar las sedes del Partido Comunista en Berlín. No solo esto, sino que también arrestó a cada uno de los cuatro mil miembros. Pero todo esto era el inicio de lo que se estaba preparando: Goebbels, ministro de propaganda y Goering tramaron un plan para quemar el edificio del Reichstag y culpar a los comunistas, ya que era la única fuerza política que consiguió más votos después de los nazis. El Reichstag era el edificio del gobierno en Berlín donde los miembros elegidos del país ponían al día el trabajo diario y participaban en las sesiones del gobierno. Por una extraña casualidad, había ese día 27 de febrero en Berlín un comunista de procedencia holandesa llamado Marinus Van der Lubbe, de 24 años en ese momento que había estado merodeando por Berlín intentando quemar edificios del gobierno para protestar contra el capitalismo y empezar una revuelta. Ese 27 de febrero decide quemar el Reichstag. Llevaba artefactos incendiarios y se pasó todo el día vigilando el edificio, antes de entrar en él hacia las nueve de la noche. Se quitó la camisa, la prendió fuego y la utilizó como si fuera una antorcha. Curiosamente parece que los nazis entraron en contacto con este individuo por esos días y le animaron a prender fuego al edificio esa noche. La cuestión es como se las ingeniaron para entrar en un edificio cerrado a esas horas de la tarde, casi noche. Después de las ocho solo la única puerta del edificio principal estaba cerrada y la puerta, vigilada. Antes de las nueve de la noche una torre del edificio vigilada también indicaba que nada extraño sucedía. No había señal de líquidos inflamables y todo estaba en orden en la cámara de sesiones donde comenzó el fuego. Aparentemente nadie podía acceder al Reichstag desde las nueve de la noche y nadie fue visto entrar o abandonar el lugar de los hechos entre las nueve y la hora del comienzo del incendio. Solo había un camino para que un grupo de personas con materiales inflamables pudiera entrar. Las SA de Karl Ernst (fuerzas de protección del partido nazi) usaron el túnel que conectaba la residencia de Goering, presidente del Reichstag, con el edificio. Entraron, echaron gasolina, y prendieron fuego a ésta, regresando a toda prisa a través del túnel a la residencia de Goering. El fuego se expandió a toda velocidad y éste atrajo la atención del presidente del Reich, Hindenburg y del vicecanciller Von Papen que estaban en ese momento cenando en un club cercano colindante con el edificio en llamas. Papen introdujo al anciano presidente en su coche e inmediatamente partieron hacia el lugar de la escena. Mientras Hitler se encontraba en el apartamento de Goebbels. Se dirigieron también hacia el lugar del suceso donde se encontraron a Goering que estaba lanzando gritos, amenazando y acusando a los comunistas de haber provocado el incendio. En el primer momento, Hitler, que ya conocía los planes para quemar el edificio, describió el fuego como algo venido del cielo. "Están ustedes presenciando el comienzo de una nueva época en la historia de Alemania" gritó a los presentes, incluidos periodistas. "El fuego es el comienzo". Días después Hitler conoció la detención del holandés que supuestamente participó en el incendio. Este fue más tarde juzgado y decapitado. "Todos los comunistas deben ser encerrados y asesinados. Los alemanes han sido poco severos con ellos. Y esto también va para los socialdemócratas". Después de abandonar el lugar del incendio, Hitler se dirigió a las oficinas del periódico Volkischer Beobachter, el órgano oficial de su partido ya que ofrecían una buena cobertura del suceso. Estuvo allí toda esa noche, escribiendo para ese periódico informaciones (mentiras) que argumentaban un complot del comunismo para conseguir el poder en Alemania de manera violenta.

 

El Reichstag en llamas la noche del 28 de febrero de 1933

 

En Marzo, el día 5, se celebraron nuevas elecciones. Parece ser que el engaño del Reichstag culpando a los comunistas funcionó, pues el partido de Hitler obtuvo 17.277.280 votos, el 44 por ciento del voto total. El Partido de Centro, obtuvo 4 millones y el socialdemócrata más de 7 millones. Los comunistas perdieron votos pero conservaron un poco menos de 4 millones.

 

Existe un personaje que es indispensable en toda la historia del incendio del Reichstag: Putzi Hanfstaengl. Él fue quien intervino también directamente en el suceso. Esta persona en realidad se llamaba Ernst Sedgewiek Hanfstaengl, usualmente conocido como Hanfy o Putzi. Fue una de las claves en el ascenso del nazismo al poder. Nacido en una familia en Nueva Inglaterra, fue primo del general John Sedgewiek y nieto de otro general, William Heine. Después de unos años en Harvard, Putzi estableció el negocio familiar de arte en Nueva York. Muchos nombres famosos le visitaron por ese tiempo: Pierpont Morgan, Toscanini, Henry Ford, Charles Chaplin,.. y una hija del presidente Wilson. Fue también en Harvard donde hizo amistades con el futuro presidente Roosevelt, en ese momento senador del estado de Nueva York. Fue presentado a Hitler en el comienzo de los años veinte por el capitán Truman Smith, del ejército americano, destinado en Berlín. Fue un ferviente apoyo y seguidor de los nazis y se dice que salvó la vida de Hitler en 1923 al abalanzarse sobre él cuando comenzaron los enfrentamientos entre nazis y la policía de Munich, tras el fallido golpe de Estado de ese año, más conocido como el "Putsch de Munich". Se dice también que seguramente después del golpe, Putzi escondió a Hitler en su ático de Munich los dos días siguientes a la insurrección.

 

Curiosamente Putzi Hanfstaengl compuso el himno del partido nazi además de canciones que cantaban los jóvenes miembros de las SA en sus marchas, incluida la que fue amenizada por grupos de las SA en la puerta de Branderburgo el día que Hitler tomó posesión de su cargo de canciller. Además de todo esto, este personaje misterioso fue uno de los primeros apoyos financieros del partido nazi y ayudó a financiar al partido de Hitler y a su periódico "Volkischer Beobachter" para convertirle en una publicación diaria. Cuando Hitler consiguió el poder en Alemania casi al mismo tiempo que Roosevelt en Estados Unidos, un emisario privado fue enviado a Putzi Hanfstaengl en Berlín, con un mensaje para éste, con el fin de que no provocara conflictos y tuviera el mejor trato con Hitler. "Si las cosas se ponen feas, por favor ponte en contacto con nuestro embajador". Putzi se mantuvo en entero contacto en ese tiempo con su embajador americano William E. Dodd. Este más tarde comentó que Putzi había dado dinero a Hitler en 1923, le había ayudado a escribir "Mein Kampf" -autobiografía de Hitler escrita en la cárcel después del Putsch de Munich y asistido por Rudolf Hess- , y era muy cercano a las ideas de Hitler.

 

Hermann Goering, presidente del Reichstag

en el momento del incendio. Utilizó un túnel

que unía su residencia con el Reichstag

para su quema

 

En el tema del incendio del Reichstag, como se ha dicho antes, tuvo su papel principal. Putzi estaba en el interior del edificio (al otro lado del túnel que daba con el Parlamento) dispuesto a cumplir con su parte del trabajo sucio. De acuerdo con el comité que investigó el incendio, "el aparato de propaganda estaba listo, y los lideres de las secciones de las SA, preparadas y cada una en sus puestos. Con los documentos oficiales ya dispuestos, las órdenes de arresto preparadas, Karwahne, Frey y Kroyer esperando impacientes en el café, la preparación era completa, el esquema casi perfecto". Los líderes nacionalsocialistas, Hitler, Goering y Goebbels junto con los más altos oficiales nazis, Daluege, Hanfstaengl y Albrecht estaban presentes en Berlín el día del incendio, aunque la campaña electoral continuaba en Alemania, a seis días para la cita con las urnas. Goering y Goebbels dieron contradictorias explicaciones sobre su estancia, junto con la de Hitler, en Berlín ese día del incendio. Putzi estaba como invitado de Goering en el palacio del Reichstag, edificio colindante con el Reichstag, en el momento que comenzó a arder.

 

Si vemos las palabras del nazi Kurt Ludecke, existió un documento firmado por el líder de las SA Karl Ernst en el que se dice que él mismo (Ludecke) incendió el Reichstag y fue más tarde asesinado por miembros nazis. Este documento implicaba a Goering, Goebbels y Putzi Hanfstaengl en la conspiración.

 

Joseph Goebbels, ministro de

propaganda nazi y participante

en el incendio

 

En 1941 Putzi ya estaba lejos del apoyo que en los años 20 le dio al partido de Hitler. Abandonó Alemania y fue internado en un campo de concentración canadiense. En plena segunda guerra mundial, Putzi recapacitó y advirtió que "ciertamente ahora sé que Alemania perderá la guerra". La intervención del presidente Roosevelt hizo que Putzi Hanfstaengl fuera liberado de ese campo de prisioneros. Según el presidente, "un día un corresponsal de la prensa de William Randolph Hearst nombró a Kehoe, obteniendo permiso para visitar Fort Hens. "Tuve unas palabras con él en una esquina. Conozco bien a tu jefe" le dijo. "¿Me harás un pequeño servicio?", le preguntó. Afortunadamente reconoció mi nombre. Le di una carta que él metió dentro de su bolsillo. Estaba remitida al secretario de estado americano, Cordell Hull. Pocos días después estaba en el despacho de mi amigo Franklin Delano Roosevelt. En ella me ofrecí actuar como consejero político y psicológico en la guerra contra Alemania".

El ofrecimiento para trabajar para la postura americana fue aceptado. Putzi se instaló con su hijo, sargento de la armada americana Egon Hanfstaengl, también como ayudante personal. En el año 1944, bajo la presión de una amenaza republicana, Egon fue desplazado en barco a Nueva Guinea y Putzi emigró a Inglaterra, donde los británicos le acogieron en un lugar seguro hasta el final de la guerra. El industrial alemán y el mas rico de Alemania esos años, Fritz Thyssen aseguró en los interrogatorios de Dustbin después de la guerra: "Cuando el Reichstag ardió todos estabamos convencidos que fueron los comunistas. Más tarde encontré en Suiza la respuesta: todo era una mentira". Ciertamente los responsables fueron Goering y Goebbels, uno planificando y el otro llevando a cabo el plan.

 

 

Otro de los personajes clave en este suceso es Erik Jan Hanussen, también de nominado "el mago de los guantes verdes". Se sabe que nació en Viena (austríaco como Hitler) a finales del siglo XIX, pero tanto su vida como su muerte siempre han estado rodeadas de misterio. Tras trabajar unos años en circos de baja categoría, estableció un gabinete astrológico en Praga, lo que le permitió ir ganándose un nombre. Posteriormente huyó a Berlín, por problemas con la justicia checoslovaca, donde fundó dos revistas, Die Hanussen Zeitung y Die Handere Welt, publicaciones en las que contó con colaboradores como Hans Heinz Ewers, esoterista que le presentó a Adolf Hitler; tanto él como otros personajes que le eran afines, como Hess o Goebbels, pasaron rápidamente a ser discípulos del adivino, estableciendo un vínculo de dependencia que haría de Hanussen una figura realmente poderosa. Esa dependencia era tan grande que Hitler y los principales líderes del partido eran incapaces de tomar una decisión sin consultar a sus magos previamente.

Por las noches se reunían en la lujosa casa de Hanussen el misterioso libanés Ismet Dzino y Hitler con altos dirigentes nazis y políticos berlineses y practicaban las artes ocultas. Sus sesiones secretas terminan en tenebrosas orgías.

La cada vez más íntima relación entre el Führer y su astrólogo suscitó las envidias de las más altas cúpulas del partido nazi, fruto de las que nacieron las investigaciones que ciertos mandos comenzaron a realizar sobre su pasado. A pesar del descubrimiento de que su origen fuese posiblemente judío (su verdadero nombre era Harschel Steinschneider), nada pudo convencer a Hitler para que abandonara su amistad y su tutela. Pero una noche de febrero de 1933, dos días antes del incendio, Hanussen celebró la inauguración de una sala de actuaciones ante lo más florido de la clase alta de Berlín; para impresionar a tan distinguida audiencia, decidió hipnotizarse a sí mismo, entrando en un trance que le provocó un profundo desmayo, no sin antes vaticinar el terrible incendio del Reichstag. "Veo quemarse una gran casa. Una multitud camina, hay un gran gentío en las calles, es una noche desgarrada por el fuego, veo antorchas encendidas, hogueras de alegría y la cruz gamada se mueve como un gran remolino de fuego, es sin duda la llama de la liberación alemana, y las llamas salen por la ventana, una gran cúpula se viene abajo, y se hundirá todo el edificio, es sin duda la cúpula del Reichstag que arde en la noche".

Erik Jan Hanussen

 

A pesar de que tras despertar aseguró no recordar nada de lo que había sucedido, su augurio agotó la paciencia de los dirigentes del partido, que tenían planeado -él lo desconocía- calcinar el edificio dos días más tarde.

Tras esta revelación, Hanussen perdió la confianza de Hitler. Escribió un artículo en otra de sus publicaciones defendiendo su falta de partidismo y la veracidad de sus poderes y capacidades. El escándalo estalló y una noche la policía secreta fue a buscar a Hanussen a una pensión (por seguridad había cambiado de residencia varias veces en pocas semanas), y se lo llevaron para interrogarle. Un artículo del Volkischer Beobatcher de fecha 8 de abril de 1933 (poco después del apresamiento de Hanussen) decía: "En un bosque de pinos entre las localidades de Nehuof y Baruth, unos leñadores han descubierto entre unas zarzas y medio devorado por los animales salvajes de la zona, el cadáver de un desconocido. No se ha encontrado sobre su cuerpo ningún papel o documento que ayuden a su identificación. Los servicios de la policía criminal de Berlín han podido establecer que el cadáver ha debido permanecer entre estas zarzas varios días. Se sospecha de todos modos que puede tratarse del cadáver de Erik Hanussen, famoso por sus experiencias de videncia y telepatía". El 8 de abril de 1933 su cuerpo fue hallado en un bosque, medio devorado por perros. Realmente a Hitler le preocupaba que una persona con esas cualidades fuera a desvelar a la gente proyectos nazis que Hitler deseara guardar en secreto. Por eso se encargó de dictar la orden para asesinarle.

Con el tiempo, las investigaciones han determinado su origen judío y han demostrado la veracidad de muchas de sus predicciones, como el ascenso de los nazis al poder, la matanza de Röhm o el propio incendio del Reichstag. Por qué no evitó su propia muerte continúa siendo una incógnita.

Ernst Röhm, líder de las SA y asesinado en la noche de los cuchillos largos. Su muerte también fue predicha por Jan Hanussen

Durante un tiempo, Hanussen logra esquivar las incómodas preguntas de aquellos que le instan a predecir futuros gobiernos, a pesar de que sus poderes van en aumento: con sólo mirar a una persona, puede leerle el pensamiento...

Esta es la historia de un adivino en tiempos del ascenso de los nazis en la Alemania de entreguerras. Pero el hecho de que Erik Jan Hanussen fuese un personaje real recubre la intriga de un extraño velo de incomodidad. Berlín se presenta de forma esplendorosa, mágica, con sus teatros brillantes, repletos, y las calles bullen en una algarabía festiva -ciertamente contenida, eso sí- que trata de dejar atrás el dolor del conflicto que acaba de finalizar. Hanussen es, además, un triunfador que encandila al público, a la prensa y a las mujeres, que le adoran; sin embargo, la amenaza del floreciente nacionalsocialismo empaña cualquier posibilidad de felicidad. Este contraste entre un mundo ideal y mágico lleno de videntes, fakires, tarotistas y tragafuegos, y la dolorosa realidad a la que se acerca Alemania. Durante una de las cenas con la alta sociedad, Hanussen cede ante las presiones de quienes le interrogan acerca de quién será el próximo líder de Alemania: Adolf Hitler, afirmará con total seguridad.

Hanussen predijo la llegada

de Hitler al poder,

tal como le aseguró años antes al propio Hitler

 

Hitler jura su cargo como Canciller alemán

 

Hanussen tratará de ser objetivo y ecuánime, de "adivinar para todos", por expresarlo de alguna manera; pero los intereses contrapuestos son demasiado importantes. Una fría mañana de un 7 de abril de 1933, el que podría haber sido uno de los más grandes adivinos de la historia, Erik Jan Hanussen, es conducido a un bosque por la policía de Hitler y ejecutado a sangre fría. Antes de morir, anuncia la caída del régimen nazi. Está más que claro que Hitler no le perdonó su previa revelación del incendio, causa por la que se decidió acabar con él.

 

 

En el siguiente poema Hanussen predice la llegada de Hitler al poder:

 

La manera a la meta todavía se bloquea,
Los ayudantes derechos todavía no han recolectado,
Pero en tres países de tres,
¡A través del banco todo cambiará!
Y entonces en el día antes de fin de mes,
¡Usted está parado en su meta y un momento crucial!
Ninguna águila podía llevarle en su trayectoria,
¡Las termitas tuvieron que roer su manera!
A las caídas de tierra cuál era putrefacto y marchitado.
¡Cruje ya en las vigas!

 

En el siguiente, el incendio del Reichstag:

 

Hanussen le preguntó lo que ella vio. María la cerró los ojos. Ella vio rojo. El clarividente principal deseó saber más. ¿Podía el rojo ser llamas? María se enderezó para arriba. Sí, las formas rojas podían ser llamas. Las llamas de un gran danés de casa. Completaron la imagen profética de la muchacha. "hay fuego. Veo que una gran casa está siendo consumida por las llamas".

 

Este, el de la matanza de Röhm y sus hombres:

 

Pensaron otra vez siempre que el negocio sobre los judíos era justo un truco de la elección. No era. Leído cuidadosamente lo que tiene que decir mi colega Daniel en el tema, en los capítulos 11 y 12. Cuente los días, pero solamente después que han destruido cientos templos en un solo día. Esa es la época de comenzar a contar. La primera fecha que usted consigue marcará la caída del hombre que desea hacer regla del mundo por fuerza bruta. Y la segunda fecha marcará el día en el cual ocurrirá la entrada triunfal de los vencedores. Éste es mi adiós a usted.

El tiempo que el sacrificio diario está suprimido y el aborrecimiento horrible está instalado, allí será mil doscientos y noventa días. Bendicen al hombre que tiene paciencia y perseverancia hasta mil trescientos y treinta y cinco días.

 

 

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