| Marcaba el reloj las
11:45 de la noche, Marta, Pablo y su hijo Martín
miraban la televisión, en ella pasaba una de
esas películas policíacas que te mantienen
entretenido todo el tiempo... Marta, una reconocida
escritora de aquel pueblo; Pablo un gran fotógrafo
galardonado y su tierno Martín, un niño
de 7 años, un chico común y corriente.
Era una noche lluviosa, como todos aquellas en el invierno
de ese pueblito alejado de la gran ciudad, un pueblo
tranquilo en donde la mayoría de la gente se
conocía entre sí.
La película mantenía entretenida a la
familia hasta que el jefe de familia dirigió
su mirada al reloj... 12:02... "por Dios"-dijo-
"es tardísimo"- "Hijo, creo que
te deberías ir a dormir, mañana por la
mañana iremos a ver a tu abuela y estarás
desvelado"- "un ratito mas"-replico Martín-
"No señor, te me vas a la cama, no te quiero
con dolor de cabeza mañana por el desvelo"
-le contesto su padre-"ok"-dijo Martín-..."que
descanses hijo" -le dijo su madre.
Martín subió las escaleras, no de muy
buen humor, porque su padre no lo había dejado
terminar de ver la película. Pero Martín
no estaba dispuesto a acostarse en su cama sin sueño,
así que tomo su radio y se dispuso a escuchar
aquella estación él la cual día
y noche programaban puras melodías clásicas,
sus preferidas.
Yya habían pasado unos 45 minutos cuando interrumpen
la programación para dar una noticia de ultima
hora: "NOTICIA DE ULTIMA HORA, A TODOS LOS HABITANTES
DEL PUEBLO DE "SANTA ROSA DEL CARMIN" SE LES
INFORMA QUE LA CARRETERA QUE CONDUCE A LA CIUDAD SE
ENCUENTRA TOTALMENTE BLOQUEADA DEBIDO A UN DESASTROSO
ACCIDENTE, EN EL CUAL PERDIERON LA VIDA 8 PERSONAS".
De un salto Martín salió de la cama, bajó
las escaleras y se dirigió hacia la sala donde
se encontraban sus padres a darles la noticia de que
el camino estaba cerrado y que no iban a poder ir a
ver a su abuela, así que se quedaría viendo
la película.
Fue un grito desgarrador lo que broto de la boca del
chico al ver la tremenda escena que tenia delante de
sus ojos; su madre y su padre en medio de la sala, muertos,
completamente destrozados, el cráneo del padre
hecho trizas, una gran parte de su masa encefálica
se encontraba encima del televisor, sus ojos, aquellos
que muchas veces buscaron un buen momento para disparar
la cámara fotográfica encima de la mesa
del centro; el cuerpo de su madre completamente desmembrado...
Pero cuando los ojos del chico voltearon a ver hacia
la cocina... Ahí se encontraba él, vestía
un pantalón negro, unos zapatos cafés
de gamuza y una camisa manga corta totalmente empapada
de sangre, en su mano derecha un vaso de agua, en la
izquierda lo que quedaba del corazón de la madre
del chico: "No tengas miedo"-le dijo.
Martín lanzó, no un grito, sino miles,
corrió con todas sus fuerzas, subió esos
24 escalones que conducían hacia lo que él
creía que era su salvación -su cuarto-,
él suspiró y dijo en voz baja: "No,
mi niño... Se agita tu corazón y así
me cuesta mas trabajo arrancártelo", soltó
el vaso y tomo ese gran cuchillo que se encontraba arriba
del refrigerador, “No quería hacerlo contigo”
–murmuro- lentamente subió aquellos escalones,
1, 2, 3, 4, 5.... 24!!
Miro fijamente la puerta del cuarto del cual colgaba
un letrero que en letras rojas decía “NO
MOLESTAR”... ¡Que irónico..! Él
no iba a molestarlo... iba a matarlo; de una patada
derribó aquella puerta, ahí se encontraba
él en medio de la puerta buscando con aquellos
ojos entre la oscuridad una silueta, un movimiento,
algo que le indicara donde se encontraba Martín
escondido, de pronto un ruido acaparó la atención
de aquel hombre con la ropa empapada de sangre... ¡La
ventana!
La ventana se abrió de un seco golpe, pero no,
no era Martín que tratase de escapar de aquella
muerte inevitable, si no el viento que junto con la
lluvia arreciaban más. Cerró la puerta
y se dirigió hacia aquel rincón donde
apenas se alcanzaba a ver la silueta de “algo”,
tal vez era Martín o tal vez una de sus tantos
muñecos...
Se acercó lentamente, empuñando aquel
cuchillo que aun se encontraba manchado de sangre fresca,
tomo una bocanada de aire frió que se colaba
por la ventana y con un certero movimiento de su mano
clavo el cuchillo a aquella silueta...
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