| "Erámos
un grupo de siete chicas, que nos reuníamos los
fines de semana, algunas tardes entre semana y pasábamos
los veranos juntas. Una de nosotras trabajaba en una
cervecería, por lo que era allí donde
nos reuníamos.
Esta chica tenía muchos problemas en casa, un
padre alcóholico, una madre que no le hacía
ni puñetero caso... Salíamos ella y yo
de marcha solas un par de veces y una de esas veces,
cuando la dejaba a las siete de la mañana en
la puerta de su casa, su padre entraba también
con una tajada como un piano. Una vez me dijo: Si yo
faltara, el se moriría...(Era ella la única
de la familia que se preocupaba de recogerle de los
bares cuando ya no podía más y se encontraba
tirado).
El caso es que no la ví en unos días.
Una tarde de verano me preguntaron que hacía
cuanto que no la veía y me dijeron que había
tenido un accidente. Yo -ingenua de mí- me fuí
a su casa pensando en un accidente de moto y en ir a
verla al hospital, cuando me enteré de que había
sufrido una bajada de tensión y se había
ahogado en una piscina porque nadie se había
dado cuenta a tiempo...
No sé que me pasó que mientras el resto
de la gente se hundió a mi alrededor, yo saqué
fuerzas no sé de donde, y primero reconocí
el cadaver (que no me asustó ni impresionó
lo más mínimo, cuando yo siempre había
pensado que pasaría lo contrario si tuviese que
verme en esas circunstancias) y además aún
tuve fuerzas para arreglar todo el papeleo del entierro
y organizar la parte "social" del macabro
acto que es enterrar a la gente que quieres.
Todo aquella marabunta pasó, el dolor se agudizó
conforme se fue calmando el ambiente y pasarón
los días y yo... me sentí de pronto fatal
(una reacción tardía pero no por eso menos
traumática). Los meses siguientes me pasó
que más de una vez yendo en mi coche sentí
un escalofrío recorrerme el cuerpo y notaba una
presencia en el asiento trasero que me hacía
mirar por el retrovisor para comprobar que ella no estaba
allí... Siempre coincidía aquella sensación
de miedo y frío con una canción que nos
gustaba mucho y que yo aún ponía con asiduidad.
Una vez fue tanto el miedo y el feeling que aquella
"presencia" que tuve que aparcar en la cuneta
y mirar hacia atrás acojonada para convencerme
de que no había nadie...
Al cabo de los meses tuve que vender el coche, porque
me daba pánico tener un accidente al ir a buscarla
en la parte trasera cuando notaba su presencia allí,
(si no lo has sentido, no lo entenderás y creerás
que el subconsciente me traicionó) pero aquella
sensación era tan fuerte y real que una y mil
vidas que yo viva juraré que ella estába
allí. Cambié de coche como digo y aquel
miedo cesó de repente y los escalofríos
también. Ah se me olvidaba! Justo un año
después murió su padre... como ella predijo.
Recientemente, viendo "El sexto sentido" he
llorado, de rabia, de dolor, y de nuevo de miedo, porque
he pensado que a lo peor mi amiga no sabía que
estába muerta y seguía montándose
en mi coche para que la llevase de marcha..."
|