| "Transcurría
el verano allá por el mes de agosto del año
1980 en un pueblo de nuestra geografía española,
era un 19 de agosto aproximadamente las seis de la tarde,
salí a pasear con un amigo seis años mayor
que yo, él tenía quince y yo ocho a punto
de cumplir los nueve. Hacía un sol de justicia
dada la época a pesar del sitio que, cuando caía
el sol, se levantaba un cierto fresco norteño.
En el momento en que me dispuse a cruzar la carretera
nacional que atravesaba el pueblo un coche me arrolló
y lógicamente perdí el conocimiento, se
movilizó el pueblo entero pues allí eramos
una familia con cierto nombre.
Vino rapidísimamente una ambulancia que lo mas
rápido que pudo me llevo a Santander, pasando
el Puerto del Escudo, - no porque me enterara sino porque
me lo contaron años más tarde - hubo más
que problemas pero al final conseguí llegar al
hospital Valdecilla en Santander con pronóstico
muy grave, tanto fue que me ingresaron en la U.V.I en
estado de coma cinco, el más grave que hay.
De mi estado en coma lo que recuerdo es lo siguiente:
Me veía en la cama desde fuera de mi cuerpo entubado
por todos lados, no era capaz de sentir físicamente
absolutamente nada, sólo un estado de paz absoluta.
Pero en todo momento era consciente. El observador desde
arriba vio que era yo el que estaba en una cama tumbado.
En seguida mi madre pensó en llamar a un neurólogo,
el mejor del mundo, amigo de la familia, para que me
viera sin intentar molestar al neurólogo del
hospital, quien respondió cuando mi madre le
preguntó si le importaría que llamara
a dicho médico: "Si yo tuviera un hijo en
su estado llamaría a Dios si pudiera".
Vino dicho médico y recuerdo perfectamente en
mi estado de coma, porque lo ví que entraba en
la U.V.I y me agarró la mano, todo esto viéndolo
como un mero espectador fuera de mi cuerpo. El médico
dijo que me sacaran de la U.V.I pues era peligroso y
él había notado que me salvaba.
Ya en la habitación me hacían todo tipo
de pruebas para ver si reaccionaba y nada, no reaccionaba.
Le dijeron a mi madre que me trajeran un objeto muy
personal y así hicieron, me trajeron una cinta
que yo solía agarrar cuando dormía, y
que mis familiares me hablaran de cosas muy personales
e íntimas. Así fue: Cuando mi hermano
hizo una de esas gracias que sólo comprendemos
la familia, empecé a reirme con la sorpresa de
todos.
Recuerdo que mientras mi hermano iba haciendo la gracia,
el espectador que veía mi cuerpo desde arriba
se iba acercando hacia el niño, que ya había
cumplido nueve años, que estaba en la cama, y
una vez que el espectador se incorporó al cuerpo
el niño empezó a reirse. Había
vuelto, ¿de dónde? No sé.
Sólo sé que durante el tiempo que estuve
en mi ausencia corporal me veía y mi estado era
de paz absoluta, ¿existe algo más allá?
no sé, pero lo que me pasó puedo asegurarlo.
Hoy, 21 años después, estoy aquí
para contarlo."
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