|
Para ser un buen lector 1. Para ser un buen lector: Prepara bien la lectura y sube con compostura desde tu asiento al ambón. 2. La Palabra que proclamas -Mensaje de salvación- no es una palabra humana, ¡es palabra del Señor! 3. Proclama con alegría, proclama con buena voz; dale sentido, pon vida, no defraudes al autor. 4. Mira al Libro y al oyente, pronuncia con claridad. No corras, que hay mucha gente, - hay mayores y hay "tenientes" que oyen con dificultad. 5. Proclama con emoción; fíjate bien lo que lees, que se note que tú crees ese Mensaje de amor. Nota: 6. Y donde dice lector léase también lectora, que no hay distinción ahora en la Iglesia del Señor. Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero;convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquéllo que has enseñado. La tarea del lector 1.- Preparación - Articular al menos una vez el texto para evitar las trampas fonéticas. Comprender el sentido del texto y conocer el contexto de la celebración. Captar la arquitectura del texto, sus articulaciones, sus puntos culminantes, su intención. 2.- La lectura - Tomar una posición estable en el sitio previsto. Mirar a la asamblea esperando a que estén todos atentos. Indicar el título y dejar un momento de silencio. Saber que siempre se tiende a correr demasiado. Meterse en la piel de los oyentes que descubren el texto. Saber hacer silencios. Un silencio largo para el lector es corto para el oyente. Evitar el <<cerrojo>> después de cada frase, e incluso al final del texto; la lectura pide una prosecución. Pronunciar todas las letras. Evitar el tonillo o los tonos teatrales. Al final de la lectura, no marcharse corriendo, como el que ha acabado un trabajo penoso. 3.- Un arte original - La lectura de los textos litúrgicos es distinta de la lectura pública corriente. Es que el lector no dice su palabra, sino la de Díos. Bonhöffer escribía: <<Pronto se darán cuenta de que no es fácil leer la biblia a los demás. Cuánto más despojada, humilde y objetiva sea la actitud interior ante el texto, más adecuada será la lectura... Una regla que observar para leer bien un texto bíblico es no identificarse nunca con el <<yo>> que allí se expresa. No soy yo el que se irrita, el que consuela, el que exhorta, sino Díos. Entonces no leeré ya el texto con un tono monótono e indiferente; al contrario, lo leeré sintiéndome yo mismo interiormente comprometido e interpelado. Pero se verá toda la diferencia entre una buena y una mala lectura cuando, en vez de tomar el lugar de Díos, acepte simplemente servirle. Si no, corro el peligro... de llamar la atención del oyente sobre mi persona y no sobre la palabra; ése es el vicio que amenaza a toda lectura de la biblia...>> Por esta razón, las iglesias orientales hacen cantar siempre las lecturas.
|
|
Teléfono 968 820272 |