Saratxo se llamó Derendano en la Edad Media; hoy
lleva este nombre uno de los barrios del pueblo situado
en las riberas del Nervión. Con el nombre de “Derendano”
aparece Saratxo en documentos eclesiásticos como
el acta de la Visita del Licenciado Gil y otros; pero en
el siglo XVIII, cuando el pueblo llevaba ya el nombre actual,
era preciso añadir como inciso aclaratorio en referencias
a documentos anteriores, frases como ésta: “Derendano
es Saratxo”.
Encontramos, no obstante, el nombre de Saratxo
en un documento del siglo XVI, señalándolo como
lugar y como apellido toponímico. Se trata de la relación
de pasajeros a Indias de 1554, en la que figura “Saracho,
tierra de Ayala”, como lugar de origen de Miguel de
Saracho, hijo de Lope García de Saracho y María
de Echeverría, embarcado aquel año para Perú
entre las gentes, familiares, criados y pajes que llevaba
consigo el bilbaíno Jerónimo de Zurbano.
La población de Saratxo se distribuía
en siete barrios documentados a fines del siglo XVIII, cuando
habitaban en ellos cuarenta y cinco vecinos “extendiéndose
su jurisdicción por todas partes como legua y media”.
Los barrios citados eran “Arechaga y Reteceta a la mano
derecha, por donde pasa el camino de Vizcaya; Derendano, Retaburu,
Mendiguren, Landaverde y Carduras a la izquierda, por medio
de los cuales pasa -se dice en la descripción que comentamos-,
el río Nerbión y el arroyo de Carduras”.
En las primeras décadas del siglo XIX y a mediados
del mismo seguían citándose estos barrios con
lo mismos topónimos.

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Hasta tiempos muy recientes, ha sido singular
la situación eclesiástica del caserío
de Aquesolo -hoy Aquéxolo-, que, perteneciendo en lo
administrativo a la jurisdicción de Saratxo, dependía
en lo espiritual del cabildo de la ciudad de Orduña,
a través de la parroquia de Lendoño de Abajo
y de la iglesia de San Clemente de Arbileta, antigua parroquia
y una de las primeras iglesias documentadas en territorio
orduñes.
Al mediar el siglo pasado, en efecto, cuando
Aquesolo tenía un único vecino, las hembras
de la casa se bautizaban en Lendoño de Abajo y los
varones en San Clemente de Arbileta, que entonces conservaba
aún su pila bautismal; todos los vecinos de Aquesolo
se enterraban no obstante, en Lendoño de Abajo, por
carecer ya de “enterrorio” la iglesia de San Clemente.
Esta situación venía desde
tiempo atrás. En las Ordenanzas del Cabildo de Orduña,
fechadas en 1598, se reconocía el antiguo carácter
parroquial de San Clemente de Arbileta que en aquellos momentos
tenía pila, y en la que, según costumbre, se
decía misa para el casero del edificio anejo a la ermita
y los vecinos del barrio de Aquesolo, barrio situado en un
punto de bajada de las aldeas de Orduña a Saratxo,
a la vista de los términos de esta aldea y entre los
pueblos orduñeses de Mendeica y Lendoño de Abajo.
Entonces contaba Aquesolo con “tres o cuatro vecinos”
que tenían sus enterramientos en Lendoño, aunque,
cuando morían, sus deudos tenían que aportar
a San Clemente la mitad del pan añal; uno de los cuatro
curas de Orduña lo era en particular de estos feligreses
y les administraba los sacramentos en San Clemente de Arbileta,
espacialmente durante la cuaresma.
El año siguiente a la fijación
de estas Ordenanzas, el 25 de abril de 1599, se protocolizaba
dicha costumbre, norma y uso antiguo, entre el cabildo de
Orduña y los vecinos de Aquesolo que, según
la escritura del convenio, habían sido veinte en tiempos
atrás. Se acordaba que las casas de Aquesolo habrían
de pagar sus diezmos a las iglesias de Orduña y a la
ermita de San Clemente, aneja a las mismas; el cabildo de
Orduña se comprometía, por su parte, a celebrar
misa en la ermita ciertos días, a administrar los sacramentos
a los feligreses de Aquesolo, y a acompañar a los difuntos
de este barrio hasta sus sepulturas en Lendoño de Abajo
o en Mendeica,porque en San Clemente no existían ya
enterramientos.
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A comienzos del siglo XIX “el trigo
de las pilas” de Arbieto, Arbileta y barrio de Aquesolo
se repartía por igual entre todos los beneficiados
de Orduña, aunque se sacaba una fanega para el cura
más moderno, que tenía que ir “en Semana
Santa a examinar la doctrina Christiana, confesar y dar la
Comunión a los Fieles del Caserío de San Clemente
y Barrio de Aquesolo”.
Un croquis topográfico, sin fecha
aunque realizado seguramente en el siglo XVIII, muestra este
estado de cosas y señala los límites de la “jurisdicción
campanil de Diezmos que corresponden al ilustre Cabildo Eccºº
de la Ciudad de Orduña, Lendoño de Abajo y Lugar
de Mendeica”. Señala en esquema los “mojones
divisorios de las dos Comunidades de la Ciudad de Orduña
y Lugar de Saratxo”; dos de estos mojones aún
pueden verse frente al actual caserío de Aquésolo,
en la vaguada abierta hacia Saratxo.
Este caserío aparece dibujado en el
croquis en el cruce de dos caminos, el “Camino de Aquesolo
a Medeica” y el que conducía de Aquesolo a la
“Casa de Bentura de Mendivil”, en término
de Saratxo; junto a este cruce se colocaba el “mojon
del Campo de Aquesolo”. El camino de Aquesolo a Mendeica
venía desde Lendoño de Abajo, lo mismo que la
actual carretera; y de Lendoño partía otro camino
hacia Belandia y Maroño. Aquesolo quedaba, en este
croquis, dentro del término campanil de las iglesias
de Orduña aunque administrativamente se incluía
en término de Saratxo, como se ha señalado,
ya al mediar el siglo pasado.
La iglesia de Saratxo conservó, durante
siglos, otro curioso “status” de raíces
medievales: el patronato del monasterio de Quejana sobre su
iglesia de San Nicolás de Bari, por donación
de los señores de Ayala, fundadores y benefactores
del convento y patronos de la totalidad casi de las parroquias
del territorio ayalés. En el ejercicio de su patronato,
la priora y las monjas de Quejana percibían los diezmos
de la parroquia, presentaban a los dos clérigos servidores
de la misma asignando a cada uno la congrua de veinte fanegas
de trigo al año, y se encargaban de las obras del templo
al que dotaban de ornamentos y objetos de culto. Este patronato
fue confirmado, junto con otros poseídos por el monasterio
de Quejana, por Bula de Pío II dada en Capriole el
27 de marzo de 1458.

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El convento de Quejana costeó por
ello las obras realizadas en la iglesia de Saracho en 1619,1632
y 1657, estas de gran envergadura, y reconstruyó a
su costa el edificio de la misma en 1757. Hasta 1841 aportaba
anualmente Quejana a la fábrica de Saracho, por este
patronato, la cantidad de doscientos reales; en dicho año
el mayordomo secular de la parroquia “no se hizo cargo
de los doscientos reales de las Patronas por haber contestado
estar destituidas del patronato”, terminando así
una situación que arrancaba del medioevo.
El patronazgo suscitó diferencias
y pleitos; pero las monjas de Quejana alegaban al defender
sus derechos que “la Presentación de sus Beneficios
y los frutos dezimales de su territorio han pertenecido a
este Conuto por donación de sus Fundadores, Pobladores
y dotadores de dha Ygª a quienes tocaba dho Patronato
Diezmos y Presentazion de Beneficios en virtud de conzessiones
Apostólicas y Posesión anterior al Concilio
Lateranense y desde tiempo inmemorial a esta parte”
según declaraban en 1723; por ello la Casa de Ayala
pudo transmitir a Quejana este patronato, ejercido por sus
antecesores desde la repoblación del territorio y desde
la construcción y dotación de sus templos por
los primeros señores del linaje, en plena Edad Media.
Aunque perdemos la noticia documental de
este momento, sabemos, no obstante, que la iglesia de Derendano
era una de las más antiguas de Ayala. Existía
ya en 1095, cuando al valle de Ayala llegaba aun convenio
con el obispo de Calahorra sobre los diezmos y frutos percibidos
por sus iglesias.
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La situación de Saratxo en las riberas
del Nervión hizo de su territorio lugar de paso entre
Castilla y el mar por los puertos de Orduña, con posibles
huellas romanas en sus términos y recuerdos del paso
de arrieros por sus puentes y ventas.

En los proyectos de construcción del
camino de Burgos al mar por la ciudad de Orduña en
el siglo XVIII, figuran siempre como hitos los molinos, ventas
y puentes de Saracho. El plan suscrito por Ibarra y Muguira
señalaba, en 1753, el paso del camino debajo de la
iglesia de San Nicolás, donde se habría de hacer
un puente, “siguiendo por delante de la casa y molino
de D. Manuel de Lezama, hasta la venta y puente de Mendichueta,
en el lugar que el río hace un siete donde se fabricaría
un puente”, para continuar luego hasta Orduña.
En el plano del “Camino del Señorío”
realizado por Don Jóse Santos de Calderón figuran
asimismo, como puntos significativos del recorrido entre Orduña
y Mendíjur, el puente de Mendichueta y la iglesia y
puente de Saratxo.
En los citados itinerarios y en diversas
fuentes documentales se alude a las ventas y las “ruedas
de moler” de Saratxo. Documentamos en el siglo XVIII
los molinos de Landaverde, propiedad del mayorazgo de los
Artecona en Salinas de Añana, más el ya citado
de Mendichueta. Madoz constata la existencia en Saracho de
siete molinos “en buen estado” que molían
“para el abasto de Orduña y otros pueblos”.
Al comenzar el siglo actual aún quedaban tres.
Los viajeros del Camino Real encontraban
posada en el siglo XVIII en la venta de Mendichueta, donde
el Nervión hacía una curva y existía
un antiguo puente. A comienzos del siglo XIX había
en Saratxo otra venta, la de Zubiaur.
La explotación de las canteras de
piedra de su término constituía otra fuente
de ingresos para el Concejo y vecinos de Saratxo. Se empleó
este material en las obras de algunos edificios del contorno,
tales como la ermita de San Silvestre de Amurrio, a la que
en 1764 se conducía piedra de Saratxo para la construcción
de la puerta y ventanas del templo; la Casa de Aduana de Orduña,
erigida en 1788, se edificó también con piedra
extraída del término de Saracho llamado “la
Dehesa”.
La población de Saratxo alcanzaba
treinta vecinos en 1556, mientras su iglesia de “San
Nicolás de Derendano” estaba servida por dos
beneficiados, unos con el oficio de cura; el mismo servicio
de dos clérigos se mantenía dos siglos después,
cuando 1748 continuaba arrojando el mismo número de
treinta vecinos, y al finalizar el siglo XVIII, momento en
que se censaban 196 habitantes. Madoz señalaba a mediados
del siglo XIX una cifra de veintiocho vecinos y 123 habitantes,
también con dos beneficiados en su parroquia.
El censo de 1910 recogía en Saratxo
un total de veintinueve casas y 146 habitantes, cifras que
se mantenían casi sin alteración en los veintiocho
vecinos y los 153 habitantes de 1930. En 1950 la población
había subido ligeramente a 177 habitantes, número
que en 1970 bajaba a 135. En la presente década registramos
94 habitantes en 1983 y 78 en 1986.

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