Aragón
Comunidad autónoma de España, al noreste del
país y constituida por la región homónima; 47.650 km², 1.187.546 habitantes.
Capital Zaragoza. Comprende las provincias de
Huesca, Teruel y Zaragoza.
Su relieve está formado principalmente por dos grandes cordilleras (los Pirineos al norte, que alcanzan los 3.404 m de altitud en el Aneto, y el sistema Ibérico al sur, que culmina en el Moncayo a 2.313 m) separadas por una extensa depresión (el valle del Ebro). Con 928 km. de longitud, el Ebro, que atraviesa Zaragoza, es el principal río de la región. Son asimismo importantes algunos de sus afluentes, como el Gállego, el Cinca, el Aragón (orilla izquierda), el Jalón y el Jiloca (orilla derecha).
El clima es bastante árido (precipitaciones
inferiores a los 400 mm) como consecuencia del efecto de abrigo que producen
las montañas con respecto a las influencias atlánticas y mediterráneas. La
demografía aragonesa acusa un crecimiento natural negativo y un fuerte desequilibrio
interno en su distribución espacial; así, mientras Huesca y Teruel se despueblan
cada vez más, la ciudad de Zaragoza acoge por sí sola casi la mitad de los
efectivos humanos de la comunidad (601.674 habitantes). Sin embargo, este
desequilibrio no ha impedido el desarrollo económico de Aragón entre 1986
y 1990, con un crecimiento medio de su PIB de un 5,1% (superior a la media
nacional: 4,7%), que lo sitúa en el quinto lugar del país. Dentro de su organización
económica las actividades agropecuarias todavía conforman un importante apartado
(15% de población activa); además del cultivo del trigo, el maíz y la cebada,
que representan entre el 10% y el 20% de la producción total española, también
se pueden subrayar otros como la vid (Cariñena) , el olivo (Alcañiz y Belchite)
y los hortofrutícolas (valle del Jalón). El sector secundario ocupa al 35%
de la población activa y se concentra, sobre todo, en Zaragoza (industrias
de transformación, automovilística), con otros núcleos en Sabiñánigo (aluminio),
Monzón (química), Calatayud o Tarazona. La minería se limita a los yacimientos
turolenses (lignito, hierro). Gran potencial hidráulico (Huesca) y térmico
(Teruel). En la capital se concentra la mayor parte del sector terciario (50%
de la población activa) y su área de influencia se extiende, incluso, más
allá de la propia región.
El territorio aragonés fue escasamente
romanizado, y aún menos la zona pirenaica. Los únicos
núcleos urbanos (Caesaraugusta, hoy Zaragoza) se asentaron en el valle del
Ebro y pocos de ellos resistieron las oleadas de las invasiones bárbaras.
En el siglo VIII los musulmanes hallaron escasa resistencia en la zona e instalaron
diversas guarniciones estratégicas. A partir del siglo IX se formaron los
primeros núcleos cristianos independientes en los Pirineos; se creó el condado
de Aragón, que contó
con el apoyo de los francos y que posteriormente se constituiría en reino.
En el siglo XII el matrimonio de la reina Petronila con el conde de Barcelona,
Ramón Berenguer IV, llevó a la unión de Aragón y Cataluña (Corona de Aragón).
Tras la unificación llevada a cabo por los Reyes Católicos, Aragón conservó
sus instituciones políticas, su propia legislación civil y sus aduanas. Se
creó el Consejo de Aragón para tratar los asuntos referentes a la antigua
Corona. Entre 1585 y 1591, durante el reinado de Felipe II, tuvieron lugar
las llamadas alteraciones de Aragón: una lucha de intereses entre las necesidades
expansionistas del monarca y los fueros de la nobleza feudal aragonesa.
La expulsión de los judíos en 1609, un 16% de la población, afectó de forma decisiva a la agricultura aragonesa. El apoyo que Aragón ofreció al archiduque Carlos durante la guerra de Sucesión española, le valió la supresión de sus fueros por parte del candidato vencedor, Felipe V, al concluir la contienda, y la introducción del sistema tributario castellano (alcabala). Aragón se convirtió en una provincia del reino.
A principios del siglo XVIII hubo una época de esplendor económico, interrumpida
por la guerra de la Independencia.
Contra las tropas napoleónicas Aragón sufrió graves pérdidas materiales, no
sólo en las ciudades (sitios de Zaragoza), sino también en el campo, además
del gran esfuerzo tributario que se vio obligada a hacer para sufragar la
guerra. La formación del estado liberal a lo largo del siglo XIX puso de manifiesto
las desigualdades entre las ciudades aragonesas del valle del Ebro, ricas
y políticamente progresistas (Zaragoza), y las zonas rurales, especialmente
el Bajo Aragón, que se convirtió en uno de los focos de las guerrillas carlistas.
Zaragoza se adhirió pronto al levantamiento de Riego (1820) y al de 1854.
Se desarrolló un notable núcleo anarquista entre los obreros zaragozanos.
La guarnición militar de Zaragoza se alzó contra la segunda república en julio
de 1936, mientras que el resto de Aragón se puso de lado del gobierno. Esta
situación hizo que Aragón se convirtiera en el escenario de algunos de los
episodios más violentos de la guerra civil, como la toma de
Belchite (1937) y las batallas de Teruel (1937-1938) y del Ebro (1938).
En la década de 1960 el desarrollismo franquista propició la instalación de
diversas industrias en Zaragoza. Su estatuto de autonomía fue aprobado en
1982 y, en diciembre de 1996, el congreso de los diputados aprobó la reforma
del mismo concediéndole la categoría de nacionalidad.
Cabe destacar las pinturas rupestres de estilo levantino en la serranía de Albarracín (abrigos de Navazo y de doña Clotilde) y en el Bajo Aragón (Cadruñán y Calapatá), los poblados ibéricos de Azaila y Calaceite, y algunos, aunque escasos, restos romanos (templo de Azaila y el monumento funerario de Fabara). Del período de dominación árabe es el palacio de la Aljafería, en Zaragoza, construido por los Banu Hud.
El Románico en Aragón alcanza un gran esplendor.
Las primitivas Iglesias de San Jacobo de Ruesta y San Juan de Bagüés en el
Camino de Santiago. El Maestro de Agüero, nombre propio que dejó su huella
y su arte entre otras en la Iglesia de Santiago de Agüero o el Maestro Esteban,
conocido por su trabajo en Compostela, al que se atribuyen las portadas de
San Esteban de Sos y Sta. María de Sangüesa y el Maestro de Uncastillo, autor
de la portada de Sta. María en esta villa, asi mismo son notables la catedral
de Jaca (siglo XI), el monasterio de San Juan de la Peña (siglo X) y el castillo
de Loarre (siglo XI).
Transición del Románico al Gótico, en San Salvador en Luesia, la parroquia
de Murillo de y San Esteban de Sos. Itinerario único por las iglesias románicas
Uncastillo.
La arquitectura gótica adquirió personalidad propia, totalmente influida por
el arte mudéjar: catedral del Salvador (Zaragoza), colegiata de Daroca, catedral
de Tarazona y monasterio de Veruela. Característica de Aragón es la arquitectura
mudéjar de ladrillo (torres de las iglesias de San Pablo, en Zaragoza, de
San Andrés, en Calatayud y el conjunto de Teruel). Los pintores más representativos
de este período son: J. de Leví, B. Arnaldín, M. Bernat y P. García de Benabarre.
La arquitectura renacentista cuenta con un buen número de obras:
la cartuja de Aula Dei (1564), las portadas de las iglesias de Santa María
de Calatayud y de Santa Engracia, los palacios de los Morlanes, de la maestranza
y de la audiencia de Zaragoza, el ayuntamiento y la antigua universidad de
Huesca, y la lonja y el ayuntamiento de Alcañiz. La escultura está representada,
sobre todo, por D. Forment, y la pintura por P. de Aponte y el maestro de
Sigena. La máxima creación del barroco aragonés es la basílica del Pilar,
en la ciudad de Zaragoza. El siglo XVIII es sin duda la época de máximo esplendor
de la pintura aragonesa representada por los hermanos Bayeu y la figura indiscutible
de F. Goya. En el siglo XX, el racionalismo
arquitectónico tiene en F. García Mercadal a uno de sus máximos representantes
(Rincón de Goya, Zaragoza). En escultura, sobresalen P. Gargallo, E. Blasco
y P. Serrano y, en pintura, González Bernal,L. García Abrines, A. Duce, A.
Saura y V. Albiac.

