Sala de Arte

Los universos alternativos de Héctor Chinchayán

 

Chinchayán junto a su obra

 

 

 

“Decidí seguir el camino de las artes a la edad de 13 años, cuando mi padre me animó a estudiar un curso de dibujo por correspondencia”, empieza a contarnos el artista chimbotano Héctor Chinchayán, quien volvió a su terruño hace dos años, luego de iniciar su carrera en Lima. Con una versatilidad magnífica de estilos y técnicas, Chinchayán nos explica en esta entrevista las razones del mundo fantástico revelado por su temática plástica.

 

Ricardo Ayllón

 

 

¿En qué año fuiste a estudiar a Lima?

En 1983. Al principio colaboré como ilustrador en los diarios Expreso y Extra y en algunas revistas, allí conocí a otros ilustradores, como Dionisio Torres, Alejandro Alemán, Óscar López Aliaga, un gran retratista; pero también a periodistas destacados, como mi gran amigo don Hernán Velarde, a quien le gustaba mucho la ilustración y la pintura, y quien tiene una hija pintora, Kukulí. Si bien al principio quise salir al extranjero, estudié cerca de un año en Cesca, donde en esa época dictaban un curso de animación; al final decidí estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde ingresé en 1988, a los 25 años de edad.

Cuéntame tu experiencia en Bellas Artes.

En Bellas Artes fui muy empeñoso, mi preocupación siempre fue mejorar la calidad de mi trabajo y gracias a eso hallé otra visión de las artes. En la Escuela ocupé los primeros puestos y descubrí lo que quería ser en la vida: un artista de verdad.

¿Qué fue lo que más te gustó de la Escuela?

Me gustó mucho la libertad que uno encuentra para crear y el compañerismo de la gente.

¿Y lo que más te disgustó?

La enseñanza, que a veces resultaba limitada por parte de algunos profesores, quienes a veces dejaban muy aislados a los alumnos. Sin embargo, nunca terminé la Escuela porque en ella siempre me sentí un rebelde. Mi rebeldía hizo que prefiriera mi libertad a la academia.

¿Luego por dónde condujiste tu trabajo?

Seguí investigando algunos temas, sobre todo el arte precolombino que siempre me fascinó y que sigo investigando.

¿Qué has descubierto en el arte precolombino?

Su universo mágico y fantástico, ese mundo que quisiera poder alcanzar como artista plástico de esta época, pues ahora es imposible hacer lo que ellos hacían, su realidad y sus vivencias eran otras, y es muy difícil que el hombre actual las comprenda.

Aunque para este fin no es suficiente captar lo estrictamente plástico.

Claro. A pesar que desde el principio sentí una relación muy personal con la experiencia plástica precolombina, eso no quería decir que no debía repasar su estructura social, política y religiosa, sin esos elementos no se puede entender su ideología ni su desarrollo en general.

¿Qué culturas te han atraído más?

Las culturas Chavín y Mochica, de las que me fascina su mundo mágico y expresivo.

¿Y qué es lo que has llegado a entender de estas culturas?

Básicamente, su relación hombre-naturaleza, una situación que en la actualidad está en crisis pues para nadie es un secreto que el hombre ha perdido su contacto con la naturaleza y se está mecanizando. Mira, yo creo en Dios, y dentro de esto, en la relación hombre-naturaleza.

Pero también crees en tu pintura.

Así es. Creo también en el mundo interior que he logrado en mi taller y en los universos alternativos que logro con los temas de mi pintura, lo cual para mí es muy importante.

¿Has expuesto mucho?

 Bueno, no mucho. Mi exposición individual más importante fue la que hice en 1999 en el Real Club de Lima, bajo los auspicios de la Universidad de San Martín de Porres. Lo interesante de esa muestra fue que las pinturas gustaron mucho y que pude plasmar imágenes muy personales con tendencia precolombina, un trabajo muy lineal semejante a lo hecho por el arte Paracas.

Sin embargo, en tu trabajo noto también cierta tendencia de aquel tipo de surrealismo hecho por Wilfredo Lam o, en el Perú, Gerardo Chávez.

Es cierto, y también lo que Picasso hizo en su periodo primitivista, tú sabes que el arte moderno se desarrolla a partir de allí, y yo siempre me he interesado en esto. Si encuentras cierta semejanza con Lam es porque lo que admiro en él es su influencia de culturas africanas, lo cual lo puedes relacionar, en mi caso, con la fascinación por el mundo de las culturas precolombinas.

¿Y cuánto has ahondado dentro del surrealismo?

En el caso del surrealismo yo creo que el hombre actual ya vive en un mundo surrealista, ¿no? (risas), ya es parte de nuestra realidad. El surrealismo siempre me sedujo por su incoherencia y libertad. Ese automatismo que se produce también en la poesía, es fascinante, permite lograr de una manera inconsciente, sin lógica, un resultado sorprendente. En todo esto existe sin embargo un sentido de las cosas, de lo que uno ve no solo como artista sino como ser humano; de una u otra manera lo conseguido con el surrealismo tiene una razón de ser.

Pero también veo dominio de diversas técnicas. En tu trabajo no solo hay óleos, sino también témperas, aguadas, acuarelas… en fin. Y también pintas sobre diferentes materiales: tela, madera, triplay, etcétera. ¿Te sientes cómodo trabajando así?

Mi meta siempre fue lograr expresarme con cualquier  cosa que tuviera a mano. El artista jamás debe sentirse limitado si no tiene uno u otro material. Si solo cuenta con barro, pues deberá trabajar con barro.

Y también está el dibujo de ilustración, un género muy particular dentro de tu trabajo.

Sí, como ya te dije, la ilustración la he desarrollado siempre. Desde hace más de dos años colaboro con Axxon, una revista argentina de ciencia ficción donde se publican novelas muy cortas que yo ilustro, y a la cual llegué cuando me publicité en una revista nacional de Internet llamada La nuez.

Hablemos de tu actual estadía en Chimbote. ¿Qué has encontrado en tu retorno a la ciudad natal?

Lo que me ha traído satisfacciones en Chimbote es haberme encontrado con un grupo de buenos artistas que pensé que no existía y con quienes he participado en algunas muestras. En cuanto a temas, me gustaría desarrollar la situación de la contaminación ambiental. Aunque te diré que al final el arte es un solo lenguaje. Por ejemplo, si me estuve moviendo por el lado fantástico, ahora he vuelto al realismo pero con personajes indígenas.

¿Proyectándote hacia algo especial?

Mira, lo que yo siempre he procurado es trabajar por series, pero las hago todas al mismo tiempo; las selecciono y discrimino pero intento que al final sean parte de una misma idea.

¿Cuáles son estas series?

Una, es la de los hombres fantásticos indígenas; otra, las figuras muy simplificadas con texturas; también la de temas surrealistas primitivistas; y otra serie, la de los personajes muy expresivos trabajados en aguadas.

¿Y has pensando trabajar en una nueva?

Sí, se me ha ocurrido ilustrar el libro bíblico del Apocalipsis, llevándolo a formatos grandes y dentro del mundo y los personajes fantásticos que suelo desarrollar. Lo que siempre me ha importado es seguir indagando dentro de los temas y técnicas que me asaltan, lo cual me define como un trabajador más del arte. Eso siempre lo he tenido claro.

 

Sala de Arte