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Juan Villegas es
un hombre que, después de trabajar durante veinte años en una
estación de servicio de la Patagonia, es despedido al cambiar de
dueño. Mientras busca otro empleo, Juan dedica su tiempo a una
vieja afición que le permita sobrevivir: hacer mangos
artesanales para cuchillos. Pero lo cierto es que no vende
demasiados, y además no encuentra trabajo debido a su edad y a
su escasa especialización. Se ve obligado a vivir con su hija
quien tiene ya bastantes preocupaciones con las criaturas. Pero
la suerte de Juan cambia el día que ayuda a una mujer cuyo
automóvil se ha averiado. En agradecimiento a su esfuerzo, ella
le ofrece pagarle con un perro que no es un perro cualquiera: es
un magnífico ejemplar de dogo argentino de nombre Le Chien, que
el marido de la señora había comprado con la idea de tener un
criadero. En un principio no se ve capaz de cuidar al animal,
pero como está solo, piensa que le hará compañía. Todo el mundo
alaba al perro, y Juan se siente bien, porque entiende que parte
de los elogios son también para él. Gracias al animal, consigue
un trabajo cuidando una granja, y hasta el director del banco
donde cobra su pensión le hace pasar a su despacho para
explicarle que es un fanático de los dogos, y que conoce a
alguien que lo podría adiestrar. Este alguien es Walter, un
hombre que en su tiempo libre prepara perros para exhibiciones.
Al verlo, Walter cree que el perro tiene futuro, y le propone
que vayan a medias en las futuras ganancias. Así que empieza el
período de entrenamiento, no sólo para Le Chien, sino también
para Juan, quien pasa de ser un parado a un expositor de perros.
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Gracias a "Historias mínimas", el director argentino Carlos Sorín
consiguió un auténtico logro: con unos personajes interpretados por
actores no profesionales, supo llegar al público gracias a la completa
naturalidad que supuraba la historia y el gran trabajo de los
protagonistas que se mostraban tal y como son en la vida real. ¿El
resultado? Gran Premio del Jurado en San Sebastián 2002, y el Goya a
la Mejor película Extranjera de Habla Hispana. Ahora ha vuelto a
repetir la fórmula con "Bombón. El perro", una maravillosa película
presentada en la reciente edición del Festival de San Sebastián. El
propio realizador lo reconoce: "mi nueva propuesta es una continuidad
de mi filme anterior `Historias Mínimas´, porque aquí vuelvo a
trabajar con personajes simples, narrados en forma minimalista e
interpretados por no-actores". Pero también matiza la diferencia entre
los personajes: "Quizá hablar de personajes simples sea en sí mismo
una simplificación. En realidad no hay personajes simples: el universo
interior del más humilde campesino ecuatoriano es tan insondable como
el de un profesor de filosofía. La diferencia está en que éste último
reflexiona y comunica mayormente a través de la palabra; y aquél, más
elemental, a través de gestos y silencios". Sorín apuesta por los
silencios y las miradas, especialmente las de la auténtica revelación
de la película: Juan Villegas. Este hombre se dedica a cuidar un
garaje cercano a la productora de Sorín, y fue allí donde el director
le descubrió. Una vez finalizado el rodaje, el entrañable Villegas, un
hombre que supo ganarse el corazón de los espectadores y la crítica
durante su estancia en San Sebastián, volvió a su trabajo habitual. Y
para acabar, una advertencia del realizador: "Al final de los títulos,
van a ver la conocida frase que dice: `Los hechos y personajes de esta
película son ficticios. Cualquier semejanza con hechos y personas
reales es mera coincidencia´. No lo crean del todo: en esta película
ni los personajes y situaciones son enteramente ficticias, ni las
semejanzas fueron una mera coincidencia".
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