El juego de la
verdad (2004) |
| "Mar
adentro, mar adentro, y en la ingravidez del fondo donde se
cumplen los sueños, se juntan dos voluntades para cumplir un
deseo./ Un beso enciende la vida con un relámpago y un trueno, y
en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo; es como
penetrar al centro del universo:/ El abrazo más pueril, y el más
puro de los besos, hasta vernos reducidos en un único deseo:/ Tu
mirada y mi mirada como un eco repitiendo, sin palabras: más
adentro, más adentro, hasta el más allá del todo por la sangre y
por los huesos./ Pero me despierto siempre y siempre quiero
estar muerto para seguir con mi boca enredada en tus cabellos".
Estos versos están sacados de un libro de Ramón Sampedro, y
resumen muy bien el sentir de la película. Sampedro, postrado en
la cama durante treinta años, sin posibilidades de moverse,
persigue la muerte para volver a sus sueños, en los que se
desliza como un pez por el mar, que le da la vida. El mar
también fue el causante del accidente que le dejó inmóvil
durante tanto tiempo. Ahora, desde su habitación, Sampedro
(Javier Bardem), tiene como una ventana al mundo la de este
cuarto, desde donde divisa el mar con el que sueña. Ramón vive
rodeado de su familia, y de dos mujeres que llegarán a su mundo
cuando menos se lo espera. Por un lado está Julia (Belén Rueda),
la abogada que apoya su lucha para permitir la eutanasia, y Rosa
(Lola Dueñas), una vecina de su pueblo que intenta convencerle
de que vivir merece la pena. Ramón está convencido de que quien
de verdad le ame será quien le ayude a realizar su último viaje.
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Todas sus películas (que no son muchas) han tenido un peso
específico y la presentación de su cuarto largometraje está causando
una gran expectación. Después de sorprender con "Tesis", afianzarse
con "Abre los ojos" y deslumbrar con "Los Otros", Alejandro Amenábar
ha realizado una película en la que, aunque su protagonista está
buscando la muerte, hay todo un canto a la vida no exento de dosis de
humor. Así de contradictorio. Y es que Amenábar no está tan lejos
(porque idealizar es malo) del común de los mortales y, como a casi
todos, le preocupan los mismos temas: "Creo que tiene lógica que haya
acabado haciendo esta película, porque habla de seres humanos y de la
muerte. Es algo que tengo presente desde que estoy en el cine. Me
interesan las personas y lo que da sentido o se lo quita a nuestra
existencia: la muerte". El realizador sabe rodearse de un equipo
intachable y en esta ocasión vuelve a escribir el guión junto a Mateo
Gil. Él mismo compone la música, en colaboración con Carlos Núñez, y
la dirección de fotografía la deja para Javier Aguirresarobe. Para el
reparto, poco hay que decir de Javier Bardem, el camaleónico. Belén
Rueda sale de su comodidad televisiva y acierta; les acompañan Lola
Dueñas, Joan Dalmau, Josep Maria Pou...
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