Guadalupe posee un patrimonio artístico y monumental de excepción. Destaca, en primer lugar, el monasterio. Sin duda es el monumento más emblemático y también el que mayores riquezas atesora. Pero no es el único. Eclipsados ante la magnificencia del monasterio quedan otras construcciones y elementos artísticos que merecen también una visita. Adentrarse en el patrimonio de Guadalupe es horadar en lo mejor del arte extremeño.

 

El Mudéjar

El mudéjar es el estilo por excelencia de Guadalupe. Los alarifes árabes dejaron un gran legado  que podemos admirar por todos lados. Yeserías, ladrillo aplantillado, artesonados, arcos de herradura y túmidos y azulejos de gusto arabizante son las principales características de esta herencia.

En el monasterio el claustro, obra maestra del mudéjar, y su templete son los máximos valuartes. También encontramos obras de este estilo en la fachada de la basílica, la sala capitular, las torres del recinto, los chapiteles, los claustros... Todo en el monasterio tiene algo de árabe.

Ya en la Puebla cabe destacar el Colegio de Infantes, con su claustro y el Hospital de San Juan, también con otro claustro y capilla.

Mudéjares son algunas portadas de casas populares en la judería y el conjunto de soportales y casas de la Calle Capellanes. Las puertas defensivas de la Puebla responden también al estilo.

No podemos olvidar el molino de san Jerónimo, con sus chimeneas, y la casa del trigo o la hospedería de nobles, entre muchos otros.

En las afueras debemos admirar las capillas, claustros y dependencias de las granjas de Mirabel y Valdefuentes, así como las ermitas de Santa Catalina y el Humilladero, esta última declarada Bien de Interés Cultural.

 

Templete mudéjar

 

El Románico

El peso del románico en Extremadura es reducido, teniendo en cuenta que pasó a manos cristianas cuando ya se imponía el gótico. Aún así, un peculiar románico se desarrolla en la provincia hasta bien entrado el siglo XIV.

El primitivo ábside de la basílica es de estilo románico-mudéjar. Además el monasterio custodia  dos imágenes románicas. La primera es la virgen, de finales del siglo XII. La segunda es un crucificado románico que se guarda en la sala capitular.

En la granja de Mirabel podemos observar un Santiago Apóstol que bien podría ser románico o protogótico.

 

El Gótico

Encontramos grandes elementos góticos en la arquitectura de Guadalupe. En el monasterio la basílica, de estilo toledano nos sorprende por sus proporciones. También la sala capitular, el claustro gótico y varias capillas son  de  este  estilo. En la escultura

destaca Egas Cueman, escultor flamenco, del que sobresale el sepulcro de los

Velasco, en la Capilla de Santa Ana. Las puertas del templo (siglo XIV), son una obra maestra del bronce repujado.

En el terreno pictórico encontramos el tríptico flamenco de la epifanía, de Adriaen Isembrandt, las obras de Juan de Flandes o las pinturas de la sala capitular.

Fuera del monasterio destacan las portadas de algunos hospitales, y sobre todo el conjunto de pinturas de la capilla de Mirabel.

 

 

Templo Gótico

 

Renacimiento

En el esplendor del Renacimiento se construye la escalera de subida al coro, en estilo plateresco, dentro del monasterio. La verja de la basílica, obra de Fray Francisco de Salamanca, es una obra maestra de la rejería de todos los tiempos.  Algunas pinturas flamencas y un cuadro de Diego Correa de Vivar se pueden ver en el museo de pintura. Merecen una distinción aparte los tres cuadros de el Greco, “San Andrés”, “San Pedro” y la “Coronación de la Virgen”. Un cristo atribuido a Miguel Ángel cierra el catálogo del monasterio.

La portada de la casa de Gregorio López en casetones de piedra, con su blasón, supone el máximo exponente de arquitectura renacentista fuera del monasterio.

También son dignos de mención la portada del hospital de San Juan Bautista, en granito, y el claustro de la granja de Valdefuentes.

 

               

Portada de la casa de Gregorio López / Coronación del Greco

 

El Barroco

Al barroco pertenece una de las joyas de Guadalupe. La sacristía del monasterio. En ella, la colección de lienzos de Zurbarán se nos presenta como un tesoro intacto. En la Capilla de San Jerónimo se guarda una escultura de Pietro Torrigiano y en la antesacristía, tres lienzos de Carreño de Miranda, que representan a Carlos II, su esposa y un cardenal. El relicario, de finales del XVI con cúpula octogonal, también guarda importantes pinturas murales. El camarín de la virgen, obra maestra del estilo rococó con cúpula sobre pechinas, contrasta con la sobriedad del panteón, o la de la iglesia nueva, ésta ya fuera del monasterio.

En la pintura, además de lo mencionado sobre Zurbarán y Carreño,  sobresale la colección de lienzos de Lucca Giordano, en el camarín, así como el retablo mayor de la basílica, obra de Gómez de Mora,  con obras de Carducho y Eugenio Cajés. El escultor Giraldo de Merlo decoró con sus obras muchas de las estancias conventuales. De Pedro de Mena se conserva un Ecce Homo La Intervención de Manuel de Lara y Churriguera se hace patente en muchos de los retablos del monasterio.

No debemos olvidar la Iglesia Nueva. En las afueras destacan los retablos de la Magdalena y el Cristo Yacente en  la granja de Mirabel, con sus esculturas y lienzos, mientras que en la Puebla podemos encontrar restos barrocos en el arco de San Pedro, o las pinturas murales del Hospital de la Pasión.

 

           

Cuadro de Zurbarán / Cúpula del Relicario

 

Neoclasicismo y Siglo XIX

Durante estos periodos el monasterio, y la Puebla en general, se encontraban en recesión. De ahí que no nos queden grandes obras salvo alguna exenta, como la mansión que se encuentra en la plaza de Juan Carlos I, construida en piedra.

En pintura, el monasterio guarda celosamente un lienzo de Francisco de Goya, “las confesiones en la Cárcel”, del estilo de las pinturas negras que tanta fama le dieron.

 

 Confesiones en la Cárcel, Francisco de Goya

 

El siglo XX

En el siglo XX Guadalupe ha sabido conservar sus tradiciones. Así el Ayuntamiento, de estilo neo-mudéjar no desentona en absoluto con el resto de construcciones del entorno.

También el monasterio se ha ampliado en el siglo XX. Rafael Moneo construyó en 1994 un nuevo refectorio para la demanda de la hospedería.

En las Afueras, el viaducto sobre el río Guadalupe representa una de las grandes obras colosalistas de la época franquista. La otra gran obra del siglo XX es la presa del Mato.

Viaducto sobre el Guadalupejo